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Gente Corriente (1980): Dramas familiares de gente normal



Conrad acaba de salir del hospital después de haber intentado suicidarse a raíz de la muerte de su hermano en un accidente. Mantiene una relación muy tensa con su madre y vive atormentado por sentimientos de culpa.

Aunque visita todas las semanas a un psiquiatra, no se siente a gusto hasta que conoce a una compañera del coro y empiezan a salir juntos.

Ordinary people", primera película dirigida por Robert Redford (con una no muy extensa, pero interesante filmografía), está basada en la novela del mismo título de la psicóloga estadounidense Judith Guest.

La autora, que había tenido en su despacho a un buen número de adolescentes, sintió que las crisis familiares que suelen darse entre estos y sus padres, daban para unas interesantes historias.

Podemos discutir si era la mejor película del año, pero de lo que no tengo dudas es que estamos ante un muy buen film.

Yendo formalmente a contracorriente del cine de la época, por su ritmo soegado, y sin aspavientos, consigue conectar con las únicas herramientas de la palabra y los silencios.

Las actuaciones son un punto a favor, Timothy Hutton en una composición magistral, dando vida al personaje más acomplejado por la desgracia, en parte por sentirse culpable, y por otro lado por la etapa de su vida en que se produce esta pérdida. Merecido su Oscar como mejor actor de reparto.

Mary Tyler Moore y Donald Sutherland consiguen hacer creíble cada escena del filme, y aportan la cuota de experiencia para darle a la cinta el toque aplomado y sobrio necesario para este tipo de filmes.

Me gustó mucho cómo están retratados cada uno de los personajes, muy bien caracterizados, interactúan en un argumento solvente y sólido desde el aspecto lógico.

La mayor virtud de la cinta es que es realista. Es el retrato de una familia que se cae a pedazos fruto de una tragedia pasada, y de un joven que no consigue salir de la depresión en la que se encuentra sumido, víctima de su propio hundimiento, culpa y desolación.

Lleno de dudas y desesperación, Conrad sufre, como sufre su padre, su madre, su amiga, y como todo el mundo. 

Porque ellos, con su tragedia, y a pesar de todo, no son más que eso, gente corriente.

Gente corriente de clase media-alta, que llena sus vacías vidas con lujos y caprichos (teatros, fiestas) que no palian la pena que sienten en el fondo.

Película muy recomendable y de visión obligada para entender un poco de las relaciones familiares, pues en toda familia se esconden dramas a la luz del día o a puertas cerradas.


Puede que después de verla, echemos una ojeada a nuestra propia familia y nuestros pequeños dramas.





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Pena de Muerte (1995): ¿Hasta qué punto se debe perdonar?


Matthew Poncelet (Sean Penn), un hombre condenado a la pena capital por el asesinato de dos adolescentes, reclama desde la prisión la ayuda de la hermana Helen Prejean (Susan Sarandon).

Durante la semana anterior a la ejecución, Helen intentará que Matthew consiga la absolución y la paz espiritual. Sin embargo, a la hermana Helen no sólo le angustia la espantosa agonía del condenado, sino también el dolor de las familias de las víctimas.

El actor Tim Robbins dirige y escribe esta película basada en un hecho real, que consta en el libro autobiográfico de la hermana Helen Prejean, en el que plasma sus vivencias y experiencias sobre la pena capital.

Este drama, nos pone a reflexionar sobre las conductas humanas y a la vez nos inserta en diversas cuestiones socio culturales. No es una cinta fácil, puesto que trata uno de los temas más controvertidos y discutidos de nuestro tiempo; la pena de muerte.

Tim Robbins tiene una ideología clara que no se molesta en ocultar, pero en esta película no juzga a ninguno de los personajes.

Por eso, no estoy para nada de acuerdo con los que dicen que la película peca de ser parcial; creo que deja que el espectador saque sus propias conclusiones, a través de diferentes puntos de vista; el del acusado, de su propia familia o de las víctimas. 

Que la película intente mostrarte que la pena de muerte está "bien" o "mal", eso ya lo decide el espectador.

La intención de Tim Robbins es mostrar a dos seres humanos distintos, en una situación en que se pondrán en juego sus valores.

Susan Sarandon interpreta de forma magistral, en uno de sus mejores papeles a una mujer valiente, luchadora, bondadosa y comprometida con la "inocencia" del presunto asesino. 

Es esa valentía lo que puede hacer llevarnos a pensar que estemos ante un personaje controvertido. ¿Debe la monja involucrarse tanto con un ser miserable?

Por otro lado el personaje magnificamente perfilado e interpretado por Penn nos deja otra reflexión. Y es, que toda persona tiene su lado más humano, hasta cualquier ser despreciable tiene sus momentos de arrepentimiento, al menos eso nos deja ver Robbins con su acertada dirección.


Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, planos, vestuarios y narrativa que hacen de Pena de muerte, uno de esos films que impactan al público, independientemente de si están a favor o no, de la pena capital.






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Gladiator (2000): El Gladiador que desafió a un Imperio




En el año 180, el Imperio Romano domina todo el mundo conocido. Tras una gran victoria sobre los bárbaros del norte, el anciano emperador Marco Aurelio (Richard Harris) decide transferir el poder a Máximo (Russell Crowe), bravo general de sus ejércitos y hombre de inquebrantable lealtad al imperio. Pero su hijo Cómodo (Joaquin Phoenix), que aspiraba al trono, no lo acepta y trata de asesinar a Máximo.

Desde la antigua Roma hasta nuestros tiempos la sociedad ha cambiado muy poco, y como podréis comprender, el mundo desde que apareció el ser humano se rige por mentiras, traiciones y envidia. Traiciones que pueden sacar lo peor de cada persona como la venganza, que es lo que busca este gladiador, y envidia que hace que hasta el más "poderoso" pierda su dignidad. 

Hablar de "Gladiator" es hablar de un filme para todos los gustos. Tiene sentimentalismo, acción, efectos visuales, profundidad discursiva, excelente ambientación y fotografía, una musicalización fuera de serie y sobre todas las cosas, unas excelentes actuaciones.

El director Ridley Scott logró revivir la gloria de Roma, consiguiendo sin lugar a dudas, un resultado efectista y correcto, gracias a la magia de los efectos digitales. 

En cuanto a la historia, mezcla hechos históricos con personajes ficticios de una manera épica. No solamente tenemos drama, emoción y ambición humanas.

También se nos detalla con todo lujo de detalles el esplendor del Imperio Romano, sus guerras en Germania, intrigas políticas, el culmen de la civilización del Tíber con su Coliseo y el mundo de los gladiadores.

Con respecto a sus interesantes actuaciones, tenemos a un sorprendente Joaquín Phoenix, y por supuesto un mesurado, carismático, pero parejo y sobrevalorado Rusell Crowe, quien hace el papel a memoria, sin brindarle mayores matices.

Muchos criticaron a Scott por su oportuna comercialidad. Sin embargo, creo que este director demuestra su verdadero talento para la realización en superproducciones de corte histórico (con excepción de incursiones puntuales en otros ámbitos, claro está).

Además, nos devolvió un género que creíamos perdido y que tenía muchos seguidores: El "peplum", un término que no debería emplearse de forma peyorativa, sino de admiración por su grandilocuencia.

¿Espectáculo? Por supuesto, pero sublime. ¿Fallos? Naturalmente que los habrá. Cualquier película, por buena que sea, no se libra de ellos; pero cuando son pocos o casi inapreciables, pueden perdonarse.

¿Casquería o recreación en la violencia? No, señores, se luchaba así. En una batalla de gladiadores, no se tenían miramientos en mutilar de una u otra forma y, para qué engañarnos, la sociedad romana tenía una ávida sed de sangre. 

¿Abuso de las nuevas tecnologías? Si los directores de los años 60 hubieran podido utilizarlas, ¿las habrían rechazado? Yo creo que no.

¿Exagerada con un héroe que parece indestructible como "Terminator"? Vale, incluso herido Máximo es de otra pasta. Pero la épica está llena de semidioses.


Gladiador es y será recordada, aunque pienso que no está a la altura de las grandes películas del género, como: Ben-Hur, La caída del imperio romano, Espartaco, Quo Vadis, por mencionar algunas joyas. Es más, utiliza en forma calcada, muchos de sus principales planos, contenido, montaje e historia. 

Sin embargo, este director inglés, tuvo la proeza de interesar al público y a la industria, al resucitar al cine histórico de aventuras, para mi gusto, uno de los géneros más interesantes del séptimo arte de las últimas décadas.





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El Señor de las Moscas (1963): El salvajismo del ser humano



Durante una guerra, un avión sin distintivo es derribado en el océano. A bordo se encuentran varias decenas de niños británicos de edades comprendidas entre los seis y los doce años, que estaban siendo evacuados. El aparato cae en una isla desierta, aislada de cualquier vestigio de civilización.

Ningún adulto sobrevive, de modo que los chicos se encuentran, de repente, solos y se verán obligados a agudizar su ingenio y a tomar decisiones si quieren sobrevivir. Su actitud y su percepción irán deteriorándose, hasta llegar a los límites del salvajismo.

Primera adaptación cinematográfica de la novela del mismo nombre de William Golding, y para mí, mucho más conseguida que la adaptación realizada en los años 90.

Estamos ante una radiografía sobre la salvaje condición humana; sin adulto alguno que los guíe, asistimos a como los protagonistas de esta historia, se organizan democráticamente, pero poco apoco la situación deriva en la ley del más fuerte, para llevarnos a una explosión de violencia desaforada, en una metáfora de cómo funcionan las dictaduras.

La fotografía en blanco y negro, ayuda a transmitir la evolución y degeneración de los personajes, para que nos llegue su nivel de asfixia anímica. La interpretación amateur de todos los niños, resulta muy convincente y creíble; un ingrediente esencial para que la historia alcance al espectador y a la vez le resulte más dramática.

Destacaré el papel de los protagonistas antagónicos; primero tenemos a Piggy algo rellenito y el más civilizado representa al humano aposentado en las costumbres occidentales que ha perdido todo su instinto animal, su símbolo son las gafas, un objeto civilizado sin el cual no puede sobrevivir en un medio inhóspito.

En el polo opuesto se encuentra Jack, líder nato y atlético a la par que cruel y salvaje representa los instintos animales latentes pero escondidos tras el velo de la sociedad, su cuchillo simboliza la fuerza bruta y el terror.

Ralph, media entre los dos, civilizado pero consciente de sus instintos salvajes representa el equilibrio perfecto entre los dos mundos enfrentados, valentía, dialogo y comprensión simbolizados en una caracola que sopla, para convocar las asambleas democráticas.

El joven Percival simboliza la ignorancia y el terror a lo desconocido, que termina degenerando en supersticiones y monstruos que dan luz verde para que el salvajismo y la fuerza se impongan al racionalismo y la democracia. 

Del mismo modo, es el personaje de Simón, callado pero reflexivo e inteligente, el que representa el conocimiento empírico y racional, no dejándose llevar nunca por los miedos y supersticiones del resto e intentando imponer siempre la lógica y la cordura. 

Como suele pasar a lo largo de la historia, su destino no es el más merecido. 

Como defecto marcaría que la degeneración de los niños me resulta forzada; es un retroceso a la prehistoria exagerado. En mi opinión, en el libro está mucho más definida la evolución de los chicos, ya que es más difícil de explicar en hora y media escasa de filme.

Una historia que plantea muchas preguntas y casi ninguna respuesta. Usa los niños como símbolo o metáfora de la inmadurez global del mundo y de los seres humanos que habitamos el planeta.

Viene a ser una especie de experimento de cómo evoluciona el carácter humano en situaciones límite: se pasa de la entretenida aventura inicial a una reorganización fundamentada en la necesidad de un líder, en la envidia, la avaricia, la falsa solidaridad y un instinto único para lograr la supervivencia.






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Hacia Rutas Salvajes (2007): Largo viaje hacia uno mismo




A principios de los años noventa, el joven universitario e idealista Christopher McCandless (Emile Hirsch), que en un momento crucial de su vida, a la espera de cursar un doctorado en alguna de las mejores universidades de los EE.UU, adopta el nombre de Alexander Supertramp, deja sus posesiones y sus ahorros a la beneficencia, y abandona el mundo civilizado con rumbo a la salvaje Alaska, para entrar en contacto con la Naturaleza y descubrir el verdadero sentido de la vida. 

¿Quien no ha sentido en alguna ocasión la necesidad de abandonarlo todo y huir o evadirse, dejar todo atrás y buscarse a uno mismo o simplemente viajar por el mero hecho de moverse y conocer experiencias nuevas?, creo que todos alguna vez, no?.

La película trata sobre eso, sobre esa rutina diaria y ese destino que parece que nos viene marcado desde que nacemos y contra el que nos revelamos, una vez alcanzado un nivel de inteligencia superior o de iluminación.

El planteamiento del argumento es muy interesante. Un buen hijo, con un excelente comportamiento y siendo un gran estudiante...con un futuro prometedor a simple vista. 

Llega su graduación y considera que su vida está vacía, que carece de significado. 
Los valores actuales del sistema le parecen hipócritas y decide vivir su propia aventura, viajando por el país con una sola meta...llegar a Alaska.

La historia narrada en voz en off por su propia hermana y a través de imágenes y su cuaderno de notas por él mismo, nos presenta una forma de ver la vida diferente, donde el dinero pierde su valor; donde la libertad no tiene precio, donde cada uno se impone sus propios códigos morales.

No todo será positivo en esta larga travesía, la lejanía de la familia, el hambre, las comodidades y muchas otras penalidades serán piedras de tropiezo en su caminar. 

Aprenderá a vivir de la naturaleza y en su camino conocerá a todo tipo de personas, (hippies, agricultores, nudistas, aventureros), de los cuales aprenderá nuevas cosas y lo ayudarán a llegar a su meta.

Estos personajes cuentan con las interpretaciones de Catherine Keener 8la mujer de la pareja de hippies), Vince Vaughn (el granjero de Oregón) y Hal Hoolbrok (el militar retirado). Emile Hirsch como el protagonista logra una interpretación convincente y conmovedora.

"Into de Wild", es una película para amantes de la naturaleza, de elogio de los pequeños momentos y de la importancia de las relaciones humanas y de las experiencias compartidas en la vida de las personas.

El actor (y en este caso solo director) Sean Penn, a través de una historia real, vuelve a apostar de forma valiente y documentada en grandes escritores del siglo XIX, por criticar la sociedad capitalista y materialista en la que vivimos hoy en día, la cual atraviesa la crisis económico-social y de identidad más fuerte de los últimos cincuenta años.


Una película diferente y filosófica, que nos muestra la necesidad de encontrarse a uno mismo en algún momento de la vida, para tomar el pulso a lo que somos, lo que queremos. Toda persona debería pasar por esto en algún momento para crecer, pero que difícil resulta a la vez…





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El Gran Carnaval (1951): La ambición mediática


Billy Wilder compone una las obras más amargas de toda su filmografía y más reales que nos podamos imaginar, lejos de sus habituales comedias. No sólo constituye una feroz crítica hacia el periodismo más sensacionalista, sino que resulta toda una crítica moral hacia las masas, la corrupción existente y la interesada manipulación informativa.

Chuck Tatum (Kirk Douglas), es un arrogante y fracasado periodista que tras ser despedido de su último empleo, recala en la redacción de un diario local "Albuquerque Sun-Bulletin", en Nuevo Mexico.

Un día se produce un accidente en una cantera, quedando atrapado alguien bajo los escombros de una de las galerías. Se trata de Leo Minosa, un tipo de mediana edad, e hijo del dueño de la gasolinera, aficionado a frecuentar dicho yacimiento.

Tatum ve la oportunidad de convertir este suceso en todo un fenómeno mediático que pueda atraer a todas las masas y periódicos del país.

Lo que empezaría siendo un sencillo rescate y un pequeño artículo en la sección de noticias, se convierte en todo un “reality show”.

El periodista no dudará en manipular y sobornar a funcionarios y obreros; con tal de alargar el rescate y él así recuperar su imagen de buen y reputado periodista.

Seis agónicos días se prolongará el rescate de Leo, la pobre víctima que cree a Tatum como un amigo. Y todo con la complicidad incluso de Lorraine, la joven y ambiciosa esposa de Leo.

La obra está narrada desde el punto de vista de Tatum. Este hecho refuerza la ausencia de protagonistas simpáticos o amables con los que el espectador se pueda identificar.
Los dardos críticos se dirigen a los medios de comunicación y a sus profesionales, a los políticos y al público.

Éste último es mostrado como devorador voraz de noticias morbosas, aficionado al voyerismo de desgracias ajenas, y dado a asociar la propia insensibilidad con aires de recreo y fiesta.

Kirk Douglas está muy acertado como el despiadado Chuck Tatum, un cínico y arrogante reportero ávido de historias y sucesos que escribir a costa de lo que sea, sin importarle a quien pueda llevarse por delante con el fin de buscar el éxito perdido en anteriores periódicos.

A su lado hay toda una galería de secundarios, todos lejos de ser buenas personas. Desde la frívola esposa (estupenda Jan Sterling que nos transmite repulsión), hasta el corrupto sheriff que aprovecha para conseguir votos electorales para la próxima campaña.

El título del film no puede ser más explícito, pues toda una serie de personajes buscan el morbo de la noticia hasta llegar a formarse una auténtica feria de exposición. Tan sólo sentimos pena por los padres de Leo, el hombre atrapado, pues vemos la impotencia que sienten ante tamaña barbarie.

En EEUU, fue muy mal recibida por el público en general, y razón tenían: a nadie le gusta mirarse en un espejo donde se vea reflejada su propia máscara.

En Europa la acogieron mejor, y tenían una razón: sintieron que el director sólo aludía a la sociedad norteamericana, y eso no sólo los complacía, sino que los excluía de cualquier señalamiento.

Esta película es la mejor muestra que el cine ha hecho (pero no la única), de la avariciosa ambición del ser humano; y del daño que uno de éstos puede hacer cuando tiene detrás de si una herramienta tan poderosa que es capaz de conseguir que lo que escriba su pluma, lo lean en minutos cientos de miles de personas.

Injustamente olvidada, pero lejos de quedar desfasada; esta película cobra renovada vigencia, más de 60 años después, a tenor del triste rumbo que la profesión informativa está tomando actualmente.




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Fuga de Alcatraz (1979): Todo por la libertad.



San Francisco, 18 de enero de 1960. Frank Lee Morris (Eastwood), un preso muy inteligente especializado en fugas, es trasladado a Alcatraz, cárcel de máxima seguridad situada en una isla rocosa en medio de la Bahía de San Francisco. 

A pesar de que nadie ha conseguido nunca evadirse de allí, Frank y otros reclusos empiezan a preparar minuciosamente un plan de fuga.

Una recreación contada con bastante similitud de una fuga ocurrida en la cárcel de Alcatraz la noche del 11 de junio de 1962. Una prisión prácticamente inaccesible, en una isla (toda roca) de la bahía de San Francisco rodeada de tiburones, o eso se decía. La temperatura media de la bahía era de 10º.

En ella coincidieron cuatro presos que se creían capaces de conseguir lo imposible, o al menos lo que hasta ese momento nadie había conseguido, escapar de "La Roca" con vida. Para ello organizaron un plan sumamente ingenioso y elaborado.

En la última noche, uno de los cuatro (Charlie Butts en la película) se echa para atrás y decide no escapar, nadie sabe por qué. 

Los otros tres, nunca se supo de ellos, hay decenas de teorías cada cual más inverosímil, aunque en casi todas ellas coincide algo, uno de los presos murió ahogado.

 Va al grano, no se entretiene en más detalles, por ejemplo el motivo de por qué algunos están allí encerrados, indicándonos el director que no importa el motivo, allí todos son tratados como delincuentes comunes y simples números.


Nos remontamos directamente, a cuando Morris es llevado a Alcatraz y a partir de ahí se nos narran todos los acontecimientos que llevaron a su posterior fuga. Se trata todo de forma meticulosa y bien detallada, las conversaciones, las acciones, los planes llevados a cabo, la misión de cada uno de los componentes del equipo.

No hay posibilidad de escapatoria ni de ser alguien dentro de la cárcel. Eso de la reinserción les suena a chino. Hasta que llega el personaje de Frank, y pondrá en duda la inquebrantabilidad de Alcatraz. 

Como en casi todos los dramas carcelarios el director nos crea una empatía hacia los reclusos (bien a través de un pequeño roedor, unas flores de crisantemos, unos cuadros o una cojera), dotándolos de cierta ternura, y una antipatía hacia el alcaide (presentándolo como un ser cruel y sin sentimientos).

Clint Eastwood hace de lo que mejor sabe, de tipo frío, inteligente, impasible, de frases cortantes, quizás una de las taras de su rol es que no se le da fondo, no se sabe ni tan siquiera por que está en prisión, en este sentido queda superficial, aunque siempre aporta el carisma que al personaje lo hace magnético y empatizable.

Patrick McGoohan realiza una gran actuación como el sibilino alcaide. Fred Ward en su debut en cine cumple con creces, con momentos de gran energía.

Paul Benjamin como el líder negro dota a su rol de gran personalidad y fondo. Larry Hankin hace muy bien del patético vecino de Frank. Roberts Blossom borda su recluso pintor. 

Frank Ronzio da un gran registro como el preso con un ratón, y finalmente, Bruce M. Fischer encarna con virulencia y realismo al pérfido “Lobo”.


Un film imperecedero, que gustará a los amantes del cine de prisiones y especialmente, a los admiradores del gran Clint Eastwood.




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Rebeca (1940): La sombra del pasado es alargada


Al poco tiempo de perder a su esposa Rebeca, el aristócrata inglés Maxim De Winter conoce en Montecarlo a una joven humilde, dama de compañía de una señora americana. De Winter y la joven se casan y se van a vivir a Inglaterra, a la mansión de Manderley, residencia habitual de Maxim. La nueva señora De Winter se da cuenta muy pronto de que todo allí está impregnado del recuerdo de Rebeca.

El director británico, creador de un universo propio, consiguió someter al público a las emociones menos improvisadas de la historia del cine.

Desde sus primeras películas realizadas en su natal Inglaterra, Hitchcock se distinguió por su interés en extraer la máxima expresividad del lenguaje cinematográfico, tanto a nivel visual como sonoro. 

Más tarde en los Estados Unidos, a raíz del éxito de “Rebeca”, comenzó a realizar verdaderas proezas cinematográficas.

"Rebeca", para empezar tiene el mérito de tener por protagonista a una mujer que no aparece ni una sola vez en todo el metraje y, por si fuera poco, pone nombre a una prenda de lana, que hasta entonces se llamaba simplemente chaqueta de punto. Aparte de eso, la pelicula mantiene el interés plano a plano hasta el final con su dosis de amor, humor y perversión.

"Rebeca" es ciertamente una película especial. La historia realmente atractiva, adapta una obra exitosa escrita por Daphne du Maurier, aunque introduciendo algunos cambios en la escritura del guión, para obtener más suspense. 

También resulta notorio que la película envejece mal debido a unos personajes demasiado estereotipados y clasistas de la época que impiden por completo que el espectador logre identificarse con la protagonista y con el calvario que está sufriendo. 

Por suerte el film atesora muchísimas más virtudes, que la hacen merecedora de ser consideradas una de las mejores películas de su director.

Con respecto a las interpretaciones, aunque Rebeca es el personaje sobre el que gira toda la acción y la segunda señora de Winter la presunta protagonista, en realidad es la siniestra ama de llaves, interpretada por una increíble Judith Anderson, el personaje que más huella deja en el espectador, como alguien obsesivo con el recuerdo de la fallecida señora De Winter.

Laurence Olivier como siempre está genial pero no es una de sus grandes interpretaciones; Joan Fontaine (con un cierto parecido a Ingrid Bergman) está muy bien como la nueva señora De Winter; timida, apocada e incluso sumisa.
Una vez más Hitchcock centra su atención en trastornos de la conducta, como hará posteriormente en algunas de sus mejores obras posteriores.

Ver por primera vez una película de Alfred Hitchcock siempre es una experiencia inolvidable. Pero además en el caso de ‘Rebeca’ es reconfortante comprobar que el paso de los años la ha tratado sorprendentemente bien y que es posible disfrutar con ella como el primer día. 





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Infierno en el Pacifico (1968): Perdidos en la Isla



Con el conflicto de la segunda guerra mundial sucediendo, un piloto americano del ejército es derribado en alta mar, yendo a parar a una isla del océano Pacífico, lugar en el que reside otro náufrago de la misma guerra, un oficial japonés. 

Al principio, dado que pertenecen a bandos opuestos, se llevan a matar, las circunstancias extremas hacen que se vean forzados a unir fuerzas para sobrevivir.

Gran película de acción, que no nos da respiros, con dos muy buenos actores, y que con el paso del tiempo y las nuevas películas van pareciendo cada vez mejores, por su sencillez, falta de gruesas trampas y efectos especiales.

Dos actores, un escenario, una hostilidad basada en la desconfianza mutua, que, como no podía ser de otra manera, sólo es superada por la necesidad de ayudarse mutuamente. A partir de ese momento la trama se desarrolla en un escenario claustrofóbico...

No es nada fácil mantener la atención del público con dos personas en una isla, pero aquí se logró. Lo que refleja de la guerra y la geografía es lo de menos, aquí lo que se demuestra es la mutación del hombre ante el peligro común, nada más.

Obviamente no es una película de diálogos ni de personajes, es una historia para los amantes de las aventuras y la supervivencia. 

En cuanto a los actores, tenemos a Lee Marvin de películas como “Doce del patíbulo” o “El hombre que mató a Liberty Valance” junto al actor fetiche de Akira Kurosawa, Toshiro Mifune.

No es una cinta brillante, ni mucho menos, pero sabe entretener. Por desgracia, encontré que el final podría haberse trabajado mucho más, ya que me quedé desorientado no por que no sea original sino porque encontré no estaba bien llevado a cabo.
  
Historia de dos almas condenadas a entenderse, pero cuya hipocresía cultural les pone la relación terriblemente difícil. Es una historia sobre el interés propio, sobre el compañerismo nada altruista, sobre la avaricia, sobre el sinsentido.






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