Los Weston viven en una gran
mansión en las afueras de Pawhuska, en Oklahoma. La desaparición del padre en
extrañas circunstancias, provocará que la familia se reúna y que todas sus
miserias, dolores y resentimientos salgan a la luz.
Resulta gratificante
encontrarse películas que son capaces de desmontarte con suma facilidad algo
tan sagrado e intocable hoy en día como la institución familiar y todos los
mitos que se crean alrededor de ella.
La historia dramática con pequeños chispazos de humor negro que nos cuenta John Wells en “Agosto” (basada en “August: Osage County”, obra de teatro en tres actos del dramaturgo estadounidense Tracy Letts quien también ha escrito el guión), no es nueva.
La historia dramática con pequeños chispazos de humor negro que nos cuenta John Wells en “Agosto” (basada en “August: Osage County”, obra de teatro en tres actos del dramaturgo estadounidense Tracy Letts quien también ha escrito el guión), no es nueva.
Las difíciles relaciones
familiares han servido como argumento a grandes películas: acontecimientos
traumáticos, que vuelven a reunir a las familias originando un ambiente
catártico en el que salen a la superficie secretos, mentiras y rivalidades
inconfesables.
A partir de la obra teatral
del mismo nombre ganadora del premio Pulitzer, John Wells se mete entre los
engranajes que articulan la dinámica familiar: hijos predilectos, amores
incestuosos….todo aquello que los modismos niegan pero que, no nos engañemos,
existen.
Los personajes son el
reflejo de los silencios guardados durante años y de ese extraño sentido del
respeto, que misteriosamente suele imperar en la familia media. El mismo
sentido del respeto que convierte a sus miembros en esclavos de lo que no les
dejaron ser, en títeres movidos por un mente torturada, o torturadora.

El mundo de las apariencias en el que
felizmente habían vivido entonces se resquebraja; y surgen los monstruos,
monstruos llenos de neurosis, resentimientos y vacíos.
Todos los actores, especialmente las féminas, lucen sin despeinarse y nos ofrecen todo un abanico de caracteres ante los que cualquier miembro de una familia, sea sumiso, dominante, ingenuo, se puede ver identificado.
Todos los actores, especialmente las féminas, lucen sin despeinarse y nos ofrecen todo un abanico de caracteres ante los que cualquier miembro de una familia, sea sumiso, dominante, ingenuo, se puede ver identificado.
En este caso, el
elenco es de lujo. Meryl Streep y Julia Roberts encabezan un reparto que
acompañan Ewan McGregor, Juliette Lewis, Chris Cooper, Benedict Cumberbatch,
Dermot Mulroney y hasta Sam Shepard en una breve pero importantísima aparición,
que luego deriva en desaparición.
Mención especial para una dramática
Julia Roberts, en el tal vez, uno de los mejores papeles de su carrera; haciendo
de perfecto alter ego de su madre. Y, hablando de la matriarca, una Meryl
Streep para variar inconmensurable aunque excesiva y exageradamente
histriónica.
Ella dota a su personaje de esa aprensión, de ese falso orgullo y
vanidad que puede caracterizar a cualquier cabecilla que interprete que su vida
ha sido un nido de amarguras, y desahogue sus penas pasando el resquemor a sus
hijos.
A pesar de la dureza de las confrontaciones familiares, quizá cualquiera se puede sentir identificado con la historia. Como se dice, en todas partes cuecen habas. Un buen drama que, aunque imperfecto y mejorable, merece la pena ver.
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