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El Baile de los Vampiros (1967): Humor Rojo y Terror




Recuerdo perfectamente la mezcla de terror, sexualidad y sonrisas que acompañaron al primer visionado de esta parodia del mítico mundillo del vampirismo y sus creencias. Ahora sigue pareciéndome curiosa, aunque algo anticuada en determinados gags y tópicos sexuales.

El profesor Ambrosius (Jack MacGowran) y su joven ayudante Alfred (Roman Polanski), viajan a Transilvania con el fin de iniciar una investigación que los lleve a probar la existencia de vampiros en la zona.

En una noche de estancia en la posada de la villa, la hermosa hija del propietario ha sido raptada y llevada a un castillo cercano, propiedad del conde Von Krolock. El profesor y Alfred partirán en busca de la damisela.

A partir de ahí, se sucederán una serie de aventuras, a través de las cuales iremos conociendo a variopintos personajes, desde el arquetípico Conde Von Krolock hasta su amanerado hijo Herbert, pasando por el caricaturesco jorobado que les sirve, el desgraciado Koukol.

Lo que hace especial a esta obra, es que se advierte un cierto tono sombrío en algunos pasajes del relato, los cuales parecen beber del terror clásico más tradicional. Probablemente se deba, a la magnífica ambientación que adorna el film, la desasosegante atmósfera de ciertas escenas y la inquietante banda sonora, a ratos siniestra, a ratos burlona.

La película coquetea entre la comedia y el terror; predominando el terror por encima de las escenas de risa, que están distribuidas con cuentagotas, para que las situaciones no den grima ni saturen al espectador y no hacer el filme excesivamente tragicómico sin poder diferenciar una cosa de la otra cosa.

Es obvio que la comedia no es el fuerte del director Roman Polanski, ya que las situaciones resultan previsibles, y los personajes anodinos.

Sin embargo, cabe admirar su uso del slap-stick y el fast-motion, con fin de otorgarle cierta hilaridad a la pieza.

Se logra una mezcla entre cine mudo, los clásicos de terror de la productora Hammer (especializada en películas de terror, suspense y ciencia ficción de la época), y un cómic de "Mortadelo y Filemón".

Los dos personajes principales de la película se muestran como los típicos anti-héroes; Jack MacGowran está a un nivel fantástico como el anciano simpático y muy gracioso Ambrosius.

El propio Roman Polanski comparte protagonismo con MacGowran como el joven romántico y extremadamente miedoso Alfred, y parece aprender mucho de su "mentor", en cuanto a interpretación.

Polanski supo además colar un casting bastante atractivo, donde el morbo lo puso su novia y mujer al año siguiente, la actriz Sharon Tate, tristemente famosa dos años después por su asesinato.

En definitiva, es una película para dejarse llevar y ver cómo Polanski juega con el mito sin caer en lo chabacano ni en lo manido, valiéndose de la estética como principal sustento de su historia.
Desde luego no es este un film que aspire a la grandeza y probablemente nunca estará en las cumbres del Olimpo cinematográfico.

Tiene el encanto de la tradicional historia de vampiros, la auténtica, la de los ajitos y las astillas de madera. Nada de novedades estúpidas de vampiros contra hombres lobo, vampiros entrevistados o vampiros crepusculares.

No es mala, pero tampoco es buena; en realidad es una pequeña rareza, pero que posee en su esencia un "algo" difícil de definir, que la hará ser recordada por muchos de los que la visionen.



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1 comentarios:

Javier Fernández López dijo...

Siempre me gusto esta película de Polanski con esos personajes inolvidables y esa mezcla de humor y terror.

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