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La Calumnia (1961): Dos mujeres y un rumor



Karen Wright (Audrey Hepburn) y Martha Dobie (Shirley MacLaine), regentan un colegio para niñas de buena sociedad junto a la tía de la última, Lily Mortar (Miriam Hopkins). Karen está prometida con el doctor Joe Cardin (James Garner) y se dispone a casarse con él.

Sin embargo, todos los planes se verán trastocados cuando una niña, en venganza por los castigos impuestos por sus maestras, oiga por casualidad un comentario y lo utiliza, distorsionándolo, para acusar a sus profesoras de una conducta reprobable. Los escandalosos rumores se extenderán velozmente por la comunidad escolar…

Excelente película que se atreve a tocar un tema tan tabú en la sociedad de la época. pero la película trata mucho más que sobre la homosexualidad; trata del daño que pueden causar las habladurías, interesadas o no interesadas.

Y como estas se propagan como una enfermedad que contagian a todos y a todo, destrozando la vida de las personas a las que se calumnia, pudiendo llevar a que sean rechazadas o ser objeto de burla; sin pensar que absolutamente todos tenemos alguna falta, o que somos de una determinada manera, sin que eso sea motivo de reproche.

No se trata solo de que lo que se diga sea verdad o no, sino de la incomprensión social ante a todo aquello, que según ellos, se salga de unos parámetros establecidos que marcan lo correcto y lo incorrecto.

Valiente cinta del director William Wyler, arriesgada y valiente por tratar el lesbianismo en los años 60. La película es una valiente apología sobre el derecho a la libre autodeterminación sexual de cada persona, la cual fue mal acogida en su momento por el conservadurismo de la época.

Y es que en una sociedad puritana y más todavía en la primera mitad del siglo pasado, cualquier manifestación de amor que no fuera de hombre-mujer era considerada una aberración y una monstruosidad. Algo lamentable y vergonzoso.

Relevantes son, aparte de la misma trama (con un desenlace que no deja indiferente), la cinematografía y las actuaciones de todo el reparto.

Con respecto a Audrey Hepburn y Shirley MacLaine como las dos maestras; ambas muestran su gran potencial dramático y talento en escenas de gran dificultad en las que se compenetran a la perfección.

Destacar también a la niña más malvada y odiosa de la historia del cine, causante de todo el conflicto. El novio que sin quererlo le corroe la duda de lo que se dice sea verdad. 

A esa tía gorrona y chismosa que solo actúa en su beneficio como si fuera un parásito y a esa anciana acomodada que erróneamente, se cree capacitada para juzgar a los demás porque se encuentra en una situación moral más elevada.


Las consecuencias de la mentira son de toda índole: social, económica, humana y amorosa y aquí se despliegan en toda su crudeza. Llega a ser agobiante el clima en que se mueven los personajes y ello alcanza al espectador. 

En definitiva, un drama que impacta y que sacude con fuerza nuestros más rezagados prejuicios frente a los sentimientos y derechos de los demás. 






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Los Crimenes del Museo de Cera (1953): Terror tras la Cera


El escultor de un museo de cera tiene una fuerte discusión con su socio, porque éste pretende incendiar el local para cobrar el seguro. Años después, mientras el profesor Jarrod intenta reconstruir el museo, se producen extrañas desapariciones.

Todo un clásico del cine de terror interpretado por uno de los actores más prolíficos del género, el gran Vincent Price. 

Rodada en 3D cuando era toda una osadía (hablamos de la década de los 50), nos encontramos con una producción cuidada, donde el terror es mostrado en pequeñas dosis y el suspense es el verdadero protagonista.

La historia es una perfecta mezcla de “El fantasma de la Ópera”, “Frankenstein” o “El Doctor Jekyll”. 

Pero lo que le da el plus es sin lugar a dudas las figuras de cera, ¿quién no ha visitado un museo de cera y le ha parecido que algunas de sus figuras parecían cobrar vida?

Se puede ver la historia, como si fuera un documental de como se construyen paso a paso las figuras de cera en aquellos tiempos. 

Y si se le añade a ello, una macabra historia de terror que sin verse ni una sola gota de sangre, da mucho mas inquietud que todas esas malas películas de serie Z, que se hicieron en los años 70 y 80.

Las sensaciones de esta película hicieron fijarme en Vincent como el genio de películas de bajo coste de todos los tiempos, gracias a su versatilidad, refinamiento y elegancia.

Pese a que tiene un histrionismo limitado, su papel en esta película así como en otras más conocidas como: "El Cuervo", "El abominable Dr. Phibes"... hacen de este actor uno de los más camaleónicos del género de la época.

Por cierto un tal Charles Buchinsky, que luego se llamaría Charles Bronson, hace aquí uno de sus primeros papeles en esto del cine.

En conjunto, es una obra correcta, pero se intuye pronto todo el supuesto misterio. 

No logra reunir grandes ratos de horror sanguinario ni truculento, sino que más bien intenta basar su propuesta en sugerencias. 

Algo que le resta capacidad de impacto y hace que en algunos momentos las escenas nos parezcan previsibles.

Tal vez la antigüedad de la película sea la responsable de que no me haya dado el más mínimo miedo, pero no voy a negar que es entretenida y emocionante al principio y al final. Recomendada tanto a los fans del terror, como a los buscadores de cine clásico.





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La Parada de Los Monstruos (1932): Freaks muy humanos



En un circo lleno de seres deformes, tullidos y personas con diversas amputaciones, Hans, uno de los enanos, hereda una fortuna. A partir de ese momento, Cleopatra, una bella contorsionista, intentará seducirlo para hacerse con su dinero. Para lograr su objetivo, traza un plan contando con la complicidad de Hércules, el forzudo del circo...
 
Por lo que he podido ver, los monstruos -reales o imaginarios-, han suscitado principalmente dos tipos de miradas en el cine. Una que explota el elemento terrorífico que de ellos se deriva y los convierte en asesinos sanguinarios, y otra de vertiente melodramática encaminada a la comprensión y compasión por la desgraciada vida de estos individuos.

"La parada de los monstruos" es de las pocas películas que combinan esas dos miradas, entregándonos un espectáculo onírico y cruel donde los monstruos tan pronto nos inspiran piedad como miedo.

Ochenta años desde su estreno ha cambiado mucho el cine como para valorarla por sus virtudes técnicas y artísticas, pues juega con una gran desventaja con el cine que vino después, con más medios. Sin embargo, tiene algo que no se ve en el cine de hoy día, mucho atrevimiento (tanto como el sistema cinematográfico de la época al permitir un rodaje como este).

Tratando el controvertido tema que trata y teniendo en cuenta que el reparto lo integra gente que produce cierto rechazo a la vista, se podía caer con facilidad en el morbo o en el malrollismo para llamar la atención del público. En cambio Browning coge derroteros distintos y enfoca la película hacía la cotidianidad que trata de llevar esa gente “diferente”.


Cuesta pensar, en lo que pasaría por la cabeza de quienes vieron esta película en el año de su estreno, ya que de un director tan exitoso en aquel momento como Tod Browning, lo que menos esperarían era encontrarse con esto.

A Tod Browning se le recuerda tanto por esta obra como por el Drácula de 1931 con Bela Lugosi.

Para realizarla contó con un reparto con los nombres de Wallace Ford (El Invisible Harvey), Leila Hyams, Olga Baclanova, Henry Victor (La Momia) y el principal reclamo del largometraje, los monstruos, interpretados por gente con deformaciones físicas y/o falta de miembros, entre los que encontramos enanos, hermanas siamesas, gente sin brazos y piernas, hermafroditas, retrasados mentales...

La historia que cuenta, si no fuera por los particulares personajes que la protagonizan, no pasaría de un melodrama de lo más obvio. En general, es poco sofisticada, aunque hay ciertos momentos con cierta tensión dramática.

En la película se hace evidente que se enfrenta a dos mundos: el mundo de los "freaks", monstruos deformes que han sido repudiados de la sociedad y actúan como una sola entidad, como una sola mente.

Y por otro lado, está el mundo de los humanos corrientes, que desprecian a los primeros y su individualidad puede llevarles a cometer actos atroces.

Lo mejor que tiene es la eficacia de su director para mostrarnos a estos supuestos monstruos, como lo que son en realidad, humanos, personas como cualquier otra, ya que tampoco cae en la discriminación positiva, en mostrarlos de forma condescendiente y como si todos ellos fueran buenos, porque no.

Vale la pena resaltar el hecho de que todos los actores son reales, con sus verdaderas anomalías físicas, lo que añade realismo al largometraje. Además, la película fue durante años víctima de la censura y el boicoteo. 

Supongo que sería un guantazo bestial a la "espartana" sociedad de entonces; motivo por el cual se convirtió en algo indigno de ser visto, en algo repulsivo. 


"La parada de los monstruos": un relato desgarrador sobre la soledad de los marginados, sobre el egoísmo de los "hermosos"; hábil alegoría acerca de oprimidos y opresores. ¿Quiénes son los verdaderos monstruos, los que lo aparentan o los que no?




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