Durante la noche de
Halloween, Michael, un niño de seis años, asesina a su familia con un cuchillo
de cocina. Es internado en un psiquiátrico del que huye quince años más tarde,
precisamente la víspera de Halloween. El psicópata vuelve a su pueblo y comete
una serie de asesinatos. Mientras, uno de los médicos del psiquiátrico le sigue
la pista.
Ante todo debo decir que
me encantan las películas de terror, pero admito que suelo huir del susodicho
género. Ésta contradicción se debe a que me parece un género sobreexplotado, en
donde podemos darnos cuenta que se han exprimido casi todos los temas, pero
también las fórmulas para asustar a los espectadores.
Hoy en día prácticamente
nada me sorprende y me llevo muchas decepciones esperando encontrar algo que
todavía me impacte y que además me cuente una buena historia. El problema del slasher es que, por sí
solo, no llegan a funcionar del todo.

Pero por sí solas, son películas que carecen de
una historia interesante, pues no profundizan en la trama o les faltan
elementos que las hagan atractivas, como por ejemplo el carácter fantástico.
Pero he de decir que
pese a la sencillez de La Noche de Halloween, la obra de John Carpenter me ha
parecido correcta.
Esta película dio un
vuelco al género, introduciendo la figura del asesino en serie. A partir de
esta se hicieron multitud de obras con las mismas pautas, destacando la saga
Viernes 13.
Junto a la Masacre de Texas de Tobe Hooper (1974), marcarían las
pautas a seguir e imitar, en innumerables films posteriores.
Los personajes, debido a
una falta de caracterización, no consiguen que empatices con ellos, lo que
aumentaría considerablemente el terror, y las relaciones entre los personajes
suscitan poco interés, ya que todo se centra en las apariciones de Maichel
Myers.

A diferencia de las películas posteriores, Carpenter casi no necesita usar sangre para asustar, y esa sugerencia que nos perturba e intranquiliza, muy pocas películas han logrado superar.
Por lo demás, destacar
además de su famosa banda sonora, la presencia de una debutante Jamie Lee
Curtis como la virginal heroína (otro acierto si consideramos el machismo
setentero), con sus famosos gritos, que la convirtieron en "la reina del
terror moderno", con razón.
Aunque en la actualidad,
ha perdido algo de fuelle y se antoja previsible, se conserva con dignidad y
entretiene, a la misma vez que te ofrece situaciones de tensión, y algún que
otro susto. Recomendable principalmente a los amantes del género.