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El fotógrafo del pánico (1960): Voyeurismo asesino y cine



Un psicópata que se dedica a la industria cinematográfica como foquista, fotografía a sus víctimas mientras mueren; es un hombre profundamente perturbado, cuyo desequilibrio hunde sus raíces en la infancia. 

Su padre, un científico obsesionado por estudiar las reacciones infantiles ante el miedo, destrozó su psique y lo convirtió en un adulto acomplejado y afectado por una demencia demoníaca.

El vouyerismo fue en el campo cinematográfico uno de los movimientos mas destacados y esta película junto a La Ventana Indiscreta, es la que mejor define este movimiento. Seguramente, en su día fue revolucionaria. Ahora nos puede parecer inocente en muchos aspectos, pero sin duda marcó el camino para muchos cineastas posteriores.

Tal vez a los críticos no les agradó que se les enseñase el día a día de un director de cine tan cruel, tal vez un creador de lo que después se vino a denominar como “snuff movies”.

En realidad, toda la película constituye un juego constante entre lo que se enseña y lo que se esconde, entre lo que se ve y lo que es visto, entre la cámara subjetiva del personaje y la cámara general que determina lo que ve el espectador. 

Y también es una zambullida constante en la mente del protagonista, poco a poco vamos descubriendo su locura y entendiendo lo que está pasando.

La morbosa atmósfera que rodea las acciones criminales resulta muy inquietante pues nos sitúa también a los espectadores tras la cámara, único testigo.

A diferencia de películas, como podría ser “Psicosis” de Hitchcock (no en vano comparten el mismo año de producción) la intriga es desvelada en el primer momento. Al director, Michael Powell, el misterio y la tensión no le interesan en tanto como lo podemos entender de manera tradicional, es decir, Powell no crea un discurso en torno a descubrir el asesino de la película o a una investigación criminal, ni nada por el estilo.

A diferencia de ello, el perfil psicológico de nuestro protagonista, así como la tensión que se va a produciendo a medida que los hechos avanzan y vemos hacía donde se va dirigiendo la película. Es ahí donde radica el quid de la cuestión.

Pero más allá de este recurso argumental, que evidentemente tiene un valor por desmarcarse de la tendencia habitual, una de las cosas más destacables de la historia, es precisamente el detalle que hace la película sobre nuestro protagonista principal.

Y es que nos encontramos ante un auténtico perturbado, que sin embargo, es el protagonista absoluto de la película. Nuestro personaje es un auténtico obseso por la captación y los procesos fílmicos del cine. El poder captar el rostro del miedo en una cinta es lo que le obsesiona.

El guión analiza de manera muy interesante los procesos de locura que llevan a nuestro personaje a acabar de tal manera.

La película es arriesgada y valiente. Falla en bastantes aspectos como la caracterización de los personajes, el guión, a veces, la simpleza de medios. Pero se le perdona por su valentía y creatividad. 

Gran ocasión para demostrar con esta película, que todos somos unos mirones, y nos recreamos en ello.





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