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Delicatessen (1991): La Comunidad del Canibalismo




En un inmenso descampado, se alza un viejo edificio habitado por personas de costumbres más bien extrañas que sólo tiene una preocupación: alimentarse. El propietario es un peculiar carnicero que tiene su establecimiento en los bajos del bloque.

Hartos de pasar hambre, los inquilinos deciden liquidar a todo iluso que acepta trabajar en el edificio haciendo chapuzas varias, convirtiéndose, rápidamente en bistec a manos del despiadado carnicero local. 

Allí entonces llega un nuevo inquilino que trabaja en el circo y que alterará la vida de la excéntrica comunidad que lo habita.

Antes de ver la película sabía que iba a ser una película rara, paranoica y original. 

He de admitir que no siento una profunda admiración por el cineasta Jean Pierre Jeunet, ni por esa rama vitalista, colorida, y ensoñadora del actual cine francés, pese, y lo digo sinceramente, a valorar la originalidad, inventiva y creatividad de sus creadores.

Esta película no tiene parangón, te sumerge en otro mundo; eso sí, en un mundo de atmósfera cargada, irritante, hastiante, y ante todo, frustrante. Todo, menos el protagonista, es excéntrico, y digo más, en ocasiones esperpéntico.

Delicatessen" nos sitúa en un extraño paraje derruido de un lugar no específico y una época aún menos concreta de la Francia que todos conocemos, aún así se intuye a primer golpe de vista el marco post-apocalíptico que rodea a la historia que se nos va a contar. 

Un universo excéntrico lleno de pequeños detalles, colores vivos y una exquisita colección de sonidos. Una fantástica mezcla de géneros (ciencia ficción postapocalíptica, comedia negra y romance). Los personajes parecen sacados de un cómic, cada uno muy caricaturizado y con una personalidad rebosante.

Son grotescos, repugnantes y, para mi gusto, demasiado cómic-os. Simplemente no puedes congeniar con ellos, lo que estas presenciando es un cuento, una historia sin moraleja, demasiado rara.

Lo peor es quizá la historia... algo plana para mi gusto, intercalando momentos prodigiosos (la escena del baño inundado, los trucos de magia, las alcantarillas...) con otros algo menos llamativos. 


Jean-Pierre Jeunet siempre sorprende con su magia y su manera tan especial de hacer cine. Esta comedia negra no sólo te hace reír sino que te atrapa con sus rarezas geniales. 





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