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Viaje alucinante al fondo de la mente (1981): Estados mentales alterados




Compleja película sobre la búsqueda del ‘yo’ y de la verdad. Esta película nos invita a deslizarnos en un desconcertante viaje donde nuestro guía serán los alucinógenos.

Eddie Jessup (William Hurt) es un científico ambicioso y obstinado con el pensamiento de que los átomos que componen la psique humana almacenan información a lo largo de los años, y que por lo tanto, si pudiéramos tener acceso a esta información haríamos un espectacular viaje hacia atrás a través de la evolución humana hasta descubrir de dónde venimos.

Esta idea es lo único que le ronda y preocupa en la vida, en contraposición a su mujer (Blair Brown), científica también pero deseosa de sentimientos humanos como el amor, la seguridad y la comprensión.

Para conseguir tener acceso a esa especie de subconsciente común de la especie humana, nuestro protagonista deberá de sumergirse en un tanque de aislamiento y consumir una potente droga alucinadora utilizada por chamanes mejicanos.

El mensaje empírico de la película queda así patente, abogando por la utilización de drogas si es necesario por el bien de la experimentación sensorial.

Sin embargo, en una de estas pruebas los resultados serán inesperados cuanto menos, ya que el protagonista sufrirá una transformación, una involución hacía una forma homínida anterior.

Al poco de comenzar la película veremos ya algunas de las imágenes psicodélicas y surrealistas que se proyectarán a lo largo del film, y en ellas veremos símbolos religiosos, símbolos como la biblia o el matrimonio que el protagonista rechaza; artificios del hombre que no tienen cabida en su mundo.

La parte final de la cinta nos muestra los resultados finales de los experimentos, un difícil estado mental plagado de oscuridad en el que costará distinguir verdad de ficción. 

Para ello, el director recurre a efectos especiales muy elaborados que le dan un toque siniestro, junto a la banda sonora de John Corigliano, igual de inquietante, a esta parte final de la película.

Es una pena el rumbo que toma la película a partir de la mitad, convirtiéndose en un film que abandona la idea inicial para tomar un rumbo que termina siendo una frenética muestra de efectos especiales deslumbrantes para la época.

Creo que la temática del filme daba para más, pero es una pena el tratamiento que le da el director Ken Russell a la misma. Y es que no aprovecha la oportunidad de intentar abordar más profundamente los caminos de nuestra consciencia e inconsciencia.

Aunque hay que decir que lo logra en ciertos momentos, con paranoias alucinógenas de extraordinaria tensión, quedando relegadas a un segundo plano con la historia melodramática de los protagonistas, echando al traste la cinta con un final supuestamente terrorífico. 

Eso sí, como opinión personal, puede que bastara un único visionado de esta cinta para que a cualquiera se le quitaran las ganas de experimentar con drogas alucinógenas, ante el torrente de imágenes que aparecen en los momentos de experimentación del protagonista.




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1 comentarios:

Inteligentes Flores de Bach dijo...

Imposible de no apelar a lo bueno de las películas de esos años 80's....

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