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Crash (1996): Fetichismo extremo y enfermizo.



 Acercarse al cine de David Cronenberg casi siempre termina por ser sinónimo de hacer un viaje al lado más oscuro del cine. Su obra siempre está salpicada de ambigüedad, de perversión, de riesgo; de ambientes asfixiantes y malsanos, de violencia, sangre... Cada película suya es un reto directo.

¿Qué pasa si sufres un accidente... y te gusta? Original idea que Cronenberg dirige, basándose en la novela de J.G. Ballard, construyendo una narración masoquista, que ronda la pornografía.

La historia comienza cuando James (James Spader) y Helen (Holly Hunter) tienen un accidente de coche en el que ella queda viuda y ambos marcados de por vida. 

Ya en el hospital conocen a un extraño tipo de nombre Vaughan (Elias Koteas), un hombre de aspecto grotesco (lleno de cicatrices y otras marcas), fascinado por los traumas y los accidentes automovilísticos. 
Vaughan les sumergirá en una espiral de sexo y violencia, tanto a ellos como a Catherine (Deborah Kara Unger), la mujer de James.

“Crash” es una búsqueda desesperada de nuevas sensaciones sexuales en unos personajes cansados de haberlo probado todo ya, pero que se resisten en caer en la monotonía. 

Los personajes de esta cinta no parecen conocer lo que es el amor. 
Viven en una continua búsqueda de la felicidad basada en el placer, quizá metaforizando la frenética monotonía de nuestro estilo de vida actual, en el que nada parece satisfacernos por completo. 

Tan sólo una experiencia nueva y arriesgada como la que se les presenta, que les exige ponerse al límite cada vez, salvando la delgada línea que les separa de la muerte para obtener así lo que buscan, parece llenarles de una forma distinta.

Aunque no hay una historia fantástica como suele ser habitual en el director; aquí te transporta a un universo distinto, donde la satisfacción sexual y el fetichismo gobiernan entre los personajes. 

Holly Hunter, James Spader, Deborah Kara Unger, Elias Koteas y Rosanna Arquette hacen sus papeles creíbles, dejándose envolver por la oscura y casi dolorosa atmósfera que logra el film.

Demás está decir que este tipo de películas no es para cualquier paladar, y que lo más probable es que resulte desagradable y patológica a nivel general. De hecho el filme, a mi criterio llega a perder la conexión con la realidad, se transforma en una retahíla de situaciones muy traídas de los pelos.


Y es que da la sensación de que todo parece sin justificación aparente, faltando más claridad y precisión en el establecimiento de los objetivos del filme.

Dura, fácilmente detestable, tal vez incomprensible, tiene de todas maneras la fuerza propia de su director y si consigues entrar en ella puede ser que consiga fascinar de alguna manera. 

Algo en común que une tanto a quienes la repudian como quienes la disfrutan, es que consigue desconcertar.

A pesar de las críticas que ha ido cosechando con el tiempo debido a su bizarro argumento; es admirable que haya alguien (en este caso, Cronenberg) que habla directa abiertamente de cosas como el lado oscuro del ser humano. 

Explorando lugares del subconsciente nunca vistos; mostrando actividades humanas arriesgadas e inimaginables; sin tapujos, enseñando la miseria humana desde un punto de vista observador y voyeur, simple y llanamente. 

Lo que en cada cabeza, corazón o alma se retuerza... bueno, ese ya es problema particular de cada uno.






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