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Cuando Harry encontró a Sally (1989): Ni contigo ni sin ti



Partiendo de la base que no soy precisamente un amante de las comedias románticas, he de decir que me sorprendió y gustó mucho. Con escenas y diálogos inolvidables y una pareja protagonista que destila química por todos sus poros, el amor y el desamor se unen, creando una película muy entrañable.

Probablemente nos venga su título a la cabeza al pensar en el género de "comedia romántica", lo cual hizo que Meg Ryan estuviera mucho tiempo encasillada en este tipo de films (lo cual no le fue nada mal, por cierto).

Harry Burns (desconfiado, vulnerable, ingenioso y un tanto neurótico) y Sally Albright (optimista, independiente, caprichosa y testaruda), son una pareja de amigos que pasan sus días filosofando sobre la vida, pero surge entre ellos una amistad que contradice la filosofía de Harry de que hombres y mujeres no pueden ser amigos.

En la ciudad de New York cada uno de ellos hace su vida y trata de encontrar un amor. En los años siguientes se ven de vez en cuando, cada vez con más frecuencia, aunque Harry y Sally no acaban de darse cuenta de que están hechos el uno para el otro.

La forma de narrar la historia, con los testimonios y los saltos temporales, resulta atractiva y original; aunque la trama se base en una historia de amistad y amor, como podemos encontrar en tantas otras comedias románticas.

Lo que me gusta de la película es señalar que el amor no siempre es instantáneo; que se prolonga a lo largo del tiempo, que va madurando y que a veces solo a veces, se produce el milagro. 


Aunque los protagonistas, se sienten atraídos el uno por el otro desde la primera escena, no quieren reconocerlo, como suele ocurrir en la vida real...

Algo que la caracteriza enormemente, es lo muy influenciada que se ve por el estilo de Woody Allen. De esta forma, al igual que ocurre con la obra del cineasta del clarinete, la historia se ambienta en Nueva York y viene acompañada a ritmo de jazz. Además, oiremos los típicos diálogos surrealistas e hipocondríacos característicos del bueno de Woody.

Lo que se oye en esta peli supera en mucho a lo que se ve. Cuando el director Rob Reiner decidió rodar este guión, no se le ocurrió otra cosa que unas escenas sencillas donde la palabrería se elevase por encima de todo lo demás, sin complicarse la vida.

Y dio de lleno, ya que los diálogos lo superan todo.
No digo que Crystal y Ryan no cumplan con su labor, sino que con estas frases escritas de antemano todo fue más sencillo. De ahí que la película sea tan sencilla, pues no hizo falta nada más.

Es  innegable el encanto y la química que desprenden Harry y Sally gracias a los actores que les dan vida. Por un lado tenemos a una espléndida Meg Ryan; y por el otro, a un Billy Crystal, que sin embargo, su actuación aquí, pese a no ser legendaria (ni mucho menos) es notable.


Tampoco podemos olvidar una más que correcta actuación de una Carrie Fisher alejada del papel de Princesa Leia.

 “Cuando Harry…” anticipa ya todas las claves de un género que, como pasa siempre, tanto ha degenerado tras la saturación que provoca una película innovadora. De todos modos, a la película le falta riesgo y un poco de locura necesaria para la comedia, por lo que hace que no alcance cotas mayores.

Puede que a día de hoy, algunos de los dilemas a los que se enfrentan sus protagonistas ya estén superados y suenen algo anacrónicos. 


Pero la película sigue funcionando gracias a ese guión, recordemos, nominado al Oscar, que aupó merecidamente a sus dos protagonistas a la cúspide, si bien sus carreras han discurrido por caminos bien distintos.

Se ha transformado en un clásico que perdurará como símbolo de las idas y vueltas que el amor tiene.







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1 comentarios:

Carmen Sanz dijo...

Sin duda es una de las pelis que más me hacen reconocerme a mi misma a través de los años. Y da igual el tiempo que pase, me sigue pareciendo de ayer mismo. Esta peli es un trocito de mi vida. Me encanta!!

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