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Grupo Salvaje (1969): El Ocaso de los Forajidos


Considerada por muchos como el mejor western de la historia del cine; curiosamente, a costa de nadar a contracorriente y alejarse de tópicos típicos de este género.

Aquí, el director Sam Peckinpah, con su habitual estilo exento de sutileza y demás ñoñerías, nos muestra las aventuras y desventuras de un grupo de pistoleros perseguidos por la justicia, a través de la violencia más visceral. Tal es la violencia, que en su día fue una película muy criticada.

1913 en un pueblo texano, San Rafael, cerca de la frontera de México. Una banda de forajidos comandada por Pike Bishop (William Holden), llega vestida de militares para robar el banco del ferrocarril; pero se encuentran en medio de una emboscada dirigida por un ex-socio de Pike, Deke Thornton (R. Ryan).Tras un violento tiroteo, sólo sobreviven cinco.

Ante el acoso, deciden todos huir a México; allí se encuentran en medio de una revolución. 

Son contratados por el General Mapache (E. Fernández), para robar un cargamento de armas transportado en tren militar en USA, a cambio de una sustanciosa suma de dinero. 
Mientras tanto, un grupo de cazarecompensas y el ejército estadounidense les persiguen sin tregua.

En realidad la trama es lo de menos, pues los personajes, pese a la escasa profundidad psicológica, eligen ser criminales por el sólo placer de serlo.

El presunto placer de hacer lo que uno le viene en gana (salvo la lealtad a los compañeros del grupo), formando un grupo de fracasados que no saben, ni quieren, vivir de otra forma.

Sin embargo, el mismo director no puede ocultar que ese no es el camino ideal para marchar por la vida. Por eso los protagonistas en el fondo de su ser se desprecian hasta darse asco, odiando todo lo existente.

Buenos actores, asiduos del western, encarnan a los protagonistas del film: William Holden, Ernest Borgnine, Robert Ryan, Edmond O’Brien, Warren Oates, Ben Johnson. Todos ellos ofrecen una actuación descarnada y sorprendente.


La película también nos muestra el final de una época, la del antiguo Oeste y su modo de vida. 

Se han acabado los indios, vaqueros y sheriffs de armas tomar; no hay ranchos para hallar la paz, ni minas de oro con qué hallar oro…

Los protagonistas se sienten demasiado viejos para cambiar o intentar adaptarse, a un mundo al que ya no pertenecen.

Este grupo, que visiona su destino frente a la evolución moderna del mundo en el que viven, ahogado por la revolución, decide mantenerse unido.

Aunque su camino les lleve hasta la muerte y abriéndose camino a tiros, dando la vida los unos por lo otros.

Por estos descuidos o recelos que experimentamos a veces los aficionados al cine, no había visto “Grupo salvaje”, hasta hace relativamente poco tiempo; era como si le tuviera manía. 

A excepción de que quizás es algo extensa para mi gusto, sólo puedo decir que me arrepiento de no haberla visto antes.





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Pequeña Miss Sunshine (2006): El Éxito de los Diferentes y Fracasados



Canto a la rareza bien entendida, 'Pequeña Miss Sunshine' es una denuncia en toda regla contra lo correcto, lo perfecto y lo establecido. Y lo es a través de una familia tan estrambótica como real.

Los Hoover son una particular familia, el padre (Greg Kinnear) es un mediocre vendedor de cursos de superación, la madre (Toni Collette) es una neurótica, el abuelo (Alan Arkin) es un drogadicto gamberro.

El tío (Steve Carell) es un suicida homosexual frustrado, el hijo (Paul Dano) es rebelde, se niega a hablar y sólo lee a Nietzsche rebelde y la hija (Abigail Breslin) es la más cuerda, sensata y dulce de la familia.

Estas tres generaciones de esta familia, emprenderán un viaje, deambulando por las carreteras de los Estados Unidos en su destartalada furgoneta amarilla; para que Olive, la hija pequeña, acuda al concurso de belleza Little Miss Sunshine, que se celebra en el otro extremo del país, para cumplir su gran sueño. 

Ninguno de los ocupantes de la carismática furgoneta, volverá del largo viaje siendo el mismo.

En realidad la película tiene los ingredientes de un drama pero la genialidad de los guionistas ha hecho que todas las situaciones trágicas se conviertan en comedia, dotándola de un agradable sentido del humor en el que la risa está asegurada, además de tener el ritmo justo para mantenerte expectante en todo momento.

Aunque los personajes están estereotipados, las relaciones entre ellos rompen todas las reglas, convirtiendo la historia en más humana, si cabe. 

El total se antoja muy natural, gracias a la evolución lógica de sus personajes cuando les toca vivir situaciones como las que atraviesan.

Cada personaje tiene su rol claramente delimitado y su conexión con todos los otros, definida a la perfección.

Creo que aquí no puede decirse que haya un protagonista claro. Aunque bien es cierto que, de algún modo, todo comienza y termina por Steve Carell; cada uno tiene su historia (excepto Toni Collette, cuyo cometido nada despreciable es el de unirlo todo).

Carell demuestra, una vez más, que en comedias camufladas es un genio. La propia Toni Collette está a un nivel muy alto también, así como Greg Kinnear, cuyo papel no es demasiado denso, pero sí tiene el peso suficiente como para llevar consigo un esfuerzo notable.

La jovencísima Abigail Breslin, es encantadora. Su inocencia despierta el más profundo cariño, y viendo la edad que tiene (tenía 10 años) eso es algo muy a tener en cuenta. Paul Dano se mueve de lujo en su papel, mostrándose soberbio en la escena de su "transformación".

No obstante, la gran estrella aquí es Alan Arkin. Cada diálogo y cada escena en la que Arkin está metido es un regalo al espectador, y además interpreta con mucho éxito al personaje más simpático de todos.

Quizás la película peca, como tantas otras, de la fantasiosa meta que buscan los americanos de ser realmente aceptados por la sociedad americana.

En este sentido puede que se vuelva melosa y ñoña, pero nunca privándonos de las gratas dosis de humor.

Esa encantadora familia de frikies en su destartalada furgoneta amarilla hacen que te olvides: 

de que tienes algún que otro michelín, de que tú trabajo no es gran cosa y de que tu vida, en fin, no es tal y como te la esperabas. ¡Fuera complejos!.

La belleza está en la diferencia y en los ojos de la gente que te quiere (aunque estos estén aún peor que tú). Los Hoover me recuerdan en cierto modo a mi mismo y a la gente que conozco. Y es que todos tenemos algo de frikis y, al fin y al cabo, ¿qué es lo normal?

Esta película nos cuenta que la vida es un asco, que no siempre conseguimos nuestros sueños. Pero la gracia está en intentarlo, sobre todo si están a tu lado tus seres queridos.
Y a mí me gusta que me lo cuenten, sobre todo cuando te lo cuentan tan bien.





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El Ángel Exterminador (1962): La Habitación del Pánico



Una auténtica rareza absurda, cuyo principal objetivo es el de ser una crítica a la clase burguesa que se encierra en ella misma. Lo más sorprendente es que esta película consigue este fin propuesto, con unos medios materiales escasos, un pobre presupuesto y con actores grises cuando no malos.

En esa línea siempre tan personal, surrealista e inquietante, el director Luis Buñuel arrebató la máscara de las formalidades y de la etiqueta de la alta sociedad. En este caso, escarbando en el interior humano cuando éste es colocado en una situación extrema, en la que lo peor es la imposibilidad de huir y evadirse de uno mismo y de quienes se hallan alrededor.

Una serie de personas de clase alta son invitadas a cenar una noche a una mansión. Justo antes de la celebración, la mayor parte de los sirvientes sienten la necesidad de marcharse, como si presintieran una amenaza latente, que sólo se puede intuir y olfatear en el ambiente, pero que no se puede identificar ni explicar.

Mientras tanto, la recepción empieza y tanto los anfitriones como los invitados se irán sintiendo paulatinamente atrapados en el interior, como si una fuerza invisible les impidiera salir... Una barrera que no es susceptible de ser captada por los sentidos.

Atrapados dentro, sólo les resta abandonarse a sus propios recursos y a su propio aguante mental y físico, condenados a convivir en el salón día tras día, aislados de un exterior remoto e inalcanzable. 

Un exterior donde también reina la inquietud hacia la suerte de los que están dentro. Curiosamente, tampoco los de fuera son capaces de rebasar la entrada de la casa...

Nadie sabe por qué no pueden salir. Sencillamente, no pueden. No es que la puerta esté cerrada, no es que haya algo terrible fuera. Lo único es que siempre encuentran una excusa para no hacerlo.
El encuentro cínico-cortés de este grupo de burgueses podía haberse solucionado al término de la cena con unos apretones de manos y un “nos veremos en la próxima”, pero Buñuel los quería ahí, en esa habitación.
Quería ver cómo sus aires refinados se terminaban convirtiendo en degradantes. Quería verlos llorar, gritar, desesperarse.

No es que Buñuel deteste la naturaleza humana, lo que al director le provoca arcadas es la naturaleza del señor burgués, exaltado por su condición de adinerado y adornado con un lenguaje cursi y pedante. Se ríe de la burguesía y la satiriza hasta lo ridículo.

Lo que sí es cierto es que Buñuel juega con el espectador hasta el límite de no estar seguro de si se está viendo una broma o una genialidad; de si se está riendo de nosotros o si en realidad es una obra seria.

Hay que reconocer que una vez captada la idea esencial del film, la historia se alarga sin ton ni son, para contar algo que podría haberse resumido en mucho menos tiempo.

Y es que en realidad, se subraya algo que es por todos nosotros conocido: el hombre, envidioso y materialista como es, sin estar contra las cuerdas sólo piensa en su ego, y cuando está contra las cuerdas, se vuelve un ser animalesco y violento. La verdad, no hace falta ser rico para volverse un imbécil integral en según qué situaciones.







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