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El Discurso del Rey (2010): El Rey sin Voz



Aunque fue bautizado como Albert Frederick Arthur George, sus familiares lo llamaron siempre Bertie. Era el segundo hijo del rey Jorge V y por lo tanto era a su hermano Edward, a quien le correspondía heredar el trono… pero, como lo que es para uno nadie se lo quita, no había transcurrido un año y el buen Edward se enamoró de una mujer norteamericana, Wallis Simpson -dos veces divorciada- y prefirió renunciar al trono antes que dejarla.

Por derecho, le correspondía a Albert sentarse en la silla del rey, pero para su desgracia, sufría de una disfemia aguda que, tras largos años de experimentar con diferentes tratamientos, no conseguía superar. 

Lo que nos relatará este filme del director Tom Hooper, es la curiosa relación que, el aspirante al trono de Inglaterra, habrá de tener con un plebeyo dedicado al tratamiento de dificultades en el habla, quien sin títulos, ni renombre, ni “clase”, conseguirá conquistarlo con su entereza, su carácter y su dedicada eficiencia.

El filme resulta muy humano y logra que sintamos aprecio, por ese hombre que lucha contra sus propias limitaciones, porque nada debe ser más cruel que saber que se puede alcanzar un gran poder; pero sentir pánico porque bien se comprende que, ese mismo poder, te puede traer los peores momentos de tu vida. 

Colin Firth nos ofrece una gran caracterización de ese futuro rey que pasa por cruciales momentos y que se ve abocado a asumir compromisos tan obligantes como aquel de leer, por la radio, un mensaje de su padre que se encuentra enfermo.

Pero, en adelante, para un hombre como éste, un gran amigo será un gran apoyo, y con la disposición a superar, los tropiezos y choques que se avienen en el camino, pronto quizás, encuentre las fuerzas que le permitan salir avante.

Como el tratante, Lionel Lowe, Geofrey Rush le hace a Firth una perfecta segunda y el filme se convierte para ellos en un tour de force magnífico, que redundó luego en el premio Oscar para Firth y en la reafirmación de Rush como uno de los más notables actores de los últimos años.

También Helena Bonham Carter tiene aquí otra buena aparición (aunque secundaria y discreta) como Elizabeth, la comprensiva esposa de este futuro rey.

Y ¿qué más se puede decir de esta película? Bien es cierto que no deja de ser el típico drama capaz de llamar la atención de la crítica y del público.


Pero eso no quita que sea una película realmente sencilla en su planteamiento, pero muy efectiva en su resultado, porque las actuaciones y los diálogos son tan buenos, que no importa nada de todo lo demás. Y eso, en mi opinión, es saber hacer buen cine.





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1 comentarios:

Inteligentes Flores de Bach dijo...

Dentro de mi subjetividad, película que llevó mi encanto hacia la empatía que poco se practica, ni en la más alta elite.

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