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Los Pajaros (1963): Apocalipsis Aviar




Alfred Hitchcock fue una vez más un paso por delante de sus contemporáneos, y con "Los pájaros", inspirada en un relato de Daphne Du Maurier, con el que no obstante guarda ligeras diferencias, demostró que era posible llenar de tensión una película sin necesidad de mostrar los elementos aterradores.
Casi me imagino al malévolo genio del suspense mientras maquinaba esta obra maestra disfrutando con toda la carga irónica que tiene y ese punto de mala leche y peor intención.

Melanie es una chica rica mimada acostumbrada a realizar todos sus deseos. Mitch Brenner es un abogado que va en busca de unos periquitos para su hermana. En la pajarería conoce a Melanie. Ella se encargará de llevar los periquitos hasta su casa, pero por una extraña y desconocida razón los pájaros empiezan a atacar, montando algo parecido a un Apocalipsis, a partir de la llegada de ella al tranquilo y sereno pueblo de su amado.

Aunque luego Alfred le dé mucha importancia a sus personajes principales y su relación no nos engañemos, la premisa es clara: los adorables y entrañables pajarillos que nos rodean (a menudo enjaulados egoístamente para mantener su compañía) se han rebelado sin causa aparente o a lo mejor sí.

Ese es el punto más favorable de una obra que también cojea por determinadas partes principalmente por una historia bastante plana al principio. Además, un guión que no explica el por qué de las cosas ni su desenlace, siempre tendrá un carácter y una dificultad menores. Y éste es el caso.

De todos modos hay tensión provocada por los enfurecidos pajaritos, terror, pero también interesantes relaciones personales, de carácter sexual entre los protagonistas o por la influencia de la posesiva madre que siempre intenta expulsar a las hembras que acuden a la jaula en la que acoge y se siente protegida por su hijo.

El reparto es creíble y, sinceramente, es algo muy difícil si tenemos en cuenta que los efectos especiales fueron puestos en postproducción. “Tippi” Hedren realiza una buena actuación llegando al nivel de notable hacía los minutos finales de la película. Lo mismo pasa con Rod Taylor.

El problema al menos para mí, es que cuando los dos están juntos en pantalla, no me transmiten toda la química que deberían de transmitir. ¿Creíbles? Si, lo son, pero nunca he llegado a simpatizar con ellos como pareja. 
También destacar a la madre protectora y conservadora Jessica Tandy.

Viendo una película así la verdadera pregunta es: ¿importan los efectos especiales? Pues si el film es tan bueno como éste a mi no me importa en absoluto que los efectos estén tan desfasados. Se prescinde de la música durante todo el metraje, un recurso arriesgado pero acertado (aunque sí tiene multitud de efectos sonoros). 
 
Los artificios visuales también son excepcionales (no olvidemos que ahora todo es muy fácil con el ordenador,) y creemos que aparecen miles y miles de pájaros que atacan aunque esto no era así y muchos estaban disecados o no eran reales.

‘Los Pajaros’ es una película arriesgada y atrevida, de esas de las que ya no se hacen. Desde luego que nada es serio ni científico, es una ficción disparatada, terrorífico entretenimiento. Aunque hubiese querido, Hitchcock no podía ser más explícito en aquellos años. Nadie excepto una mente loca se atrevería a realizar algo así y mucho más la de Hitchcock, teniendo en cuenta del año en que se realizó. 





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La gata sobre el tejado de zinc (1958) : Pasado, Familia, Rencor y Amor.




Adaptación al cine de una de las obras teatrales de mayor éxito del dramaturgo norteamericano Tennessee Williams y premiada con el premio Pulitzer en 1955.

Sucede durante un caluroso día de verano en una rica mansión sureña, es el día que del poderoso patriarca de la familia (majestuoso Burl Ives) vuelve a casa después de un exhaustivo examen médico, es también su cumpleaños y sus dos hijos con sus respectivas esposas se han reunido para celebrarlo.

Uno de los retoños es Brick (soberbio Paul Newman), es ojo derecho de su padre, deportista frustrado, que acaba de tener un percance por lo que tiene una pierna enyesada. Es una persona atormentada que no para de beber por Skipper, su amigo suicidado, y destila amargura e irascibilidad además de que las riñas con su esposa son continuas.

Su esposa es Maggie (espectacular Liz Taylor), quien desea tener un hijo, y pelea como una gata por no perder posiciones por la herencia ante la posible muerte del suegro, y es que tiene en los cuñados unos duros competidores.

La cuñada es Mae (Madeleine Sherwood), una persona mezquina, que aprovecha que le ha dado al patriarca 5 nietos y viene otro de camino para ganárselo. Su esposo es Gooper (Jack Carson), es el mayor de los hermanos e hijo modélico, que entra en el juego de su mujer.

Con estos ingredientes se desarrolla una película de gran intensidad dramática que nos habla de temas universales, la hipocresía, la codicia y el amor; siendo un retrato demoledor de la avaricia, de la envidia, y lo hace en el seno de una familia que se está pudriendo por un doble juego moral y a través de esto, las relaciones familiares se convierten en una farsa, un juego decadente por ganar el favor del dueño de la caja fuerte.

La cinta asienta sus sólidos cimientos sobre un magno guión con una evolución fluida, que hace te atrape desde el minuto uno. Este guión hace que su elenco actoral tenga un material del que saca provecho de modo extraordinario, aunque eso sí, la época que la concibió era mucho más conservadora. 

Esto provocó los difíciles malabares que tuvo que sortear la película por causa de la censura, al no hacer explícita la algo más que íntima relación de Brick con Skipper. Pero los censores no se dieron cuenta de que los personajes de Williams están tan bien escritos que hablan por si mismos.

Y es que a ver quién es capaz de abandonar la película a medias y quedarse sin saber porqué Brick es tan desgraciado, porqué aborrece tanto a su esposa, al resto del mundo y a sí mismo como para no poder soportar la realidad sin estar borracho. Pero lo cierto es que, con su labor, el director del filme, Albert Brooks, revaloriza más si cabe la obra de Williams, por saber escoger con acierto los actores que interpretarían sus personajes.

Y es que Elizabeth Taylor y Paul Newman (los ojos femeninos y masculinos más bonitos del cine, o al menos eso se ha dicho de ellos), presentan con una química perfecta, sus personajes llenos de indiferencia y frustración.
Vista la película, uno piensa que no se podía haber elegido a otros protagonistas que no fueran ellos, al menos mi imaginación no alcanza a sustituirlos. Newman borda ese personaje tenue, frustrado y confuso y Taylor derrocha sensualidad y coraje a partes iguales.

Estamos ante una historia de extraños que forman una familia, dónde sale lo mejor y lo peor de cada uno. Cine del bueno para disfrutar, admirar y reflexionar. Esto de reflexionar... ¿nos acordaremos de lo que es?


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El Hombre Elefante (1980): La injusticia social más conmovedora de la historia



Bellísima película. Refleja y transmite la compasión y la humanidad de un ser aparentemente "anormal", pero que puede ser más humano que un ser normal.

David Lynch, después de su debut en el largometraje con "Eraserhead", decidió llevar a la gran pantalla la historia real de John Merrick "el hombre elefante". Supuso su consagración y su reconocimiento por parte de crítica y público siendo un éxito comercial.


El guión está basado en el libro escrito por el verdadero Dr. Treves (que en la película interpreta Anthony Hopkins) y cuenta una historia cruda, dura y todos los adjetivos parecidos.

La historia se basa en la vida de John Merrick, un inglés nacido en la época victoriana con una enfermedad congénita horrible que lo convierte en poco más que un monstruo a los ojos de todo el mundo. 

Tal es así, que sólo puede trabajar en un circo, en el que le obligan a exhibir su malformación.

El doctor Treves lo sacará de ese mundo para ayudarle y estudiar su enfermedad, mejorando considerablemente su calidad de vida. 

Una vez despojado de los malos tratos recibidos por su "dueño" en el circo, y dándose cuenta de la amabilidad con la que lo tratan, Merrick (un irreconocible John Hurt) mostrará que tiene un nivel intelectual superior a la media y un refinamiento y sensibilidad excelentes.

Decir que "El hombre elefante" es una película atemporal que bien pudiera haber sido rodada en 1980, en 1970 o en en año 2000; el hecho de que narre una historia real y de manera bastante fidedigna tanto en los hechos como en la personalidad de Merrick que debía ser tan amable y cortes como se nos muestra, en la Inglaterra de finales del s.XIX también juega a su favor.

Si bien sus últimos años de vida fueron los mejores, al mundo le costaba mucho respetarlo e incluso el mismo doctor Treves, con toda su buena intención, no se daba cuenta de que también lo utilizaba para exponerlo como curiosidad científica a sus colegas del gremio.

En cuanto al director, David Lynch, no podemos decir que sea un película de su particular firma (quienes sean seguidores de su filmografía sabrán a que me refiero).

Es un excelente director, pero El hombre elefante se sale un poco de su extravagante y complicado estilo, aunque se nota en toda la película, pese a su (atípico para el director) argumento lineal.

Gracias a la escenografía surrealista, fotografía en blanco y negro y a escenas como aquella en la que una mujer es atacada por un elefante;

(descubrí después de verla, que el verdadero Merrick justificaba su deformidad con esa anécdota -en la que su madre, embarazada, había sido atacada, tal vez incluso sexualmente, por un elefante).

Sin caer en la temida sensiblería y morbosidad que esperaba antes de ver la película, es como David Lynch logra un film sorprendentemente emotivo, con un profundo mensaje. 

Todos queremos sentirnos identificados como John Merrick, pero la realidad es otra. Porque en realidad somos como todos esos morbosos que se acercan a ver lo que se cuece cuando aparece alguien como el protagonista en la calle; unos sentirían miedo, otros asco y también compasión.

  

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