"Tio Vania" es una de las obras de teatro más conocidas de Chejov. Bueno, conocida por aquellos que aman el teatro. La obra habla de temas universales al fin y al cabo: las relaciones familiares, las oportunidades perdidas, el fatalismo y la resignación ante el paso del tiempo, todo ello servido en un híbrido de drama y comedia.

El director Louis Malle supo hacer un enlace entre teatro y cine tan bueno, que casi parece que las butacas del cine se convierten en improvisados bancos desde donde los espectadores contemplan el ensayo de la obra, allí, en un sótano en obras de la calle 42.
El proyecto de filmar la obra de Chéjov parte en el año 1.990 cuando el actor y director teatral André Gregory empieza un taller de teatro con unos pocos actores desconocidos, y ante un público selecto de la obra de Chéjov.
El proyecto de filmar la obra de Chéjov parte en el año 1.990 cuando el actor y director teatral André Gregory empieza un taller de teatro con unos pocos actores desconocidos, y ante un público selecto de la obra de Chéjov.
Cada año, él y los actores se reúnen en un destartalado loft neoyorquino (Victory Theatre), y exploran la obra del dramaturgo ruso, sin otro objetivo que profundizar en su conocimiento y mejorar en sus aptitudes escénicas y, por supuesto, sin ningún ánimo de lucro.
Tras cinco años de llevar a cabo de incógnito estos encuentros, Gregory contactó al director francés Louis Malle, y decidieron embarcarse en esta propuesta arriesgada.

La obra empieza con los actores en la calle, enfrente de un teatro abandonado de la calle 42. Entran y se ponen a charlar como si tal cosa.
De golpe te preguntas ¿pero qué están diciendo?. Entonces te das cuenta de que ya están interpretando. Así, en ropa de calle, sin escenarios y sin más atrezzo que los objetos de alrededor.
Entre el elenco de actores (Shawn Wallace, Larry Pine…), hay que destacar a Julian Moore, que fue aquí donde obtuvo su primer papel de relevancia, y lo bordó. Comedida, pausada (igual que la obra que representa), realiza un trabajo cargado de emoción contenida. Desde entonces su carrera despegó.
Puesto que, como en el teatro, la interpretación era lo más relevante y sabiendo de antemano que si fallaba, fallaba también la película; David Mamet hizo una adaptación cinematográfica donde todo el peso recaía en sus actores.
No hay en Vania nada más que eso. No busquemos una música espectacular, unos decorados soberbios (sólo hay uno), unos efectos especiales de quitar el hipo, ni siquiera un sonido vibrante. Esta película son sus actores, vive de ellos y ellos le dan la vida.