Debido
a un malentendido, a Roger O. Thornhill, un ejecutivo del mundo de la
publicidad, unos espías lo confunden con un agente del gobierno llamado George
Kaplan. Secuestrado por tres individuos y llevado a una mansión en la que es
interrogado, consigue huir antes de que lo maten. Cuando al día siguiente
regresa a la casa acompañado de la policía, no hay rastro de las personas que
había descrito.
La
consideración de obra maestra, de la que goza en la actualidad “Con la muerte
en los talones” no proviene ni mucho menos, del momento de su estreno. Le ha
ocurrido a casi todas las grandes obras del cine, han ido creciendo a medida
que nuevas generaciones las han descubierto.
Para muchos “Con la muerte en los talones” les puede causar asombro respecto al cine del director británico, más dado a la intriga y el asesinato.
Para muchos “Con la muerte en los talones” les puede causar asombro respecto al cine del director británico, más dado a la intriga y el asesinato.
Pero
cualquiera que se haya molestado un poco en leer algo acerca de su
personalidad, sabrá que era un hombre con un tremendo sentido del humor y
dispuesto siempre a gastar una broma. Que se lo pregunten a las actrices que
trabajaron a su cargo.
Con dicha película Hitchcock consigue contentar a más espectadores, aquellos que buscan una comedia, una intriga que enganche y una parte romántica.
Con dicha película Hitchcock consigue contentar a más espectadores, aquellos que buscan una comedia, una intriga que enganche y una parte romántica.
La
película plantea una situación muy hitchcockiana: un equívoco de identidad; un
ciudadano corriente que es extraído de su realidad cotidiana.
La historia
mantiene un ritmo frenético desde el principio hasta el final, mezclando
tensión y humor casi a partes iguales desde el principio hasta el final.
La
película está protagonizada por Cary Grant en una de sus más recordadas
interpretaciones y en su última colaboración para Hitchcock. El gran actor
interpreta a Thornhill/Kaplan con gran acierto y elegancia, demostrando su
talla como interprete. Sólo Hitchcock supo sacarle ese lado oscuro, que no
había podido desplegar en sus comedias y que demostrara otros registros.
La actriz en esta ocasión es Eva Marie Saint, recordada por "La ley del silencio", y que vuelve a ser una de esas rubias platino tan propias en el cine de Hitchcock, como Kim Novak o Grace Kelly en su papel de femme fatal.
La
actriz interpreta a Eve Kendall, una mujer con algún que otro secreto y
enamorada de Thornhill.
Los antagonistas están interpretados con gran solvencia por un fantástico y
calculador James Mason y por un jovencísimo Martin Landau con una cara de la
que sólo pueden salir interpretados personajes perversos.
Como
en todas las películas de Hitchcock hay algunas escenas metidas con calzador,
más fruto del capricho del maestro que del lógico transcurso de la cinta; pero
es mejor dejarse llevar y creer que todo tiene su sentido y está ahí por un
motivo.
Hitchcock
va jugando sus cartas, dejando que las veamos sin mayores reservas y es este
conocimiento el que, precisamente, va construyendo un interesante suspense, al
tiempo que nos sentimos identificados con el confundido protagonista, quien
pronto va a demostrar que sabe de supervivencia, como el más avispado héroe.
Solo
Hitchcock podía conseguir entretener con una película así: con acción, peligro
e intriga, pero también romanticismo, y mucho humor.
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