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Carrie (1974): La crueldad de la adolescencia




Brian De Palma se consagró como uno de los mejores directores gracias a esta magistral película basada en la obra de terror del escritor Stephen King. Además, fue el descubrimiento de una de las mejores actrices que ha dado el cine; Sissy Spacek.

La película narra la historia de una joven que vive intimidada por una madre extremadamente religiosa, llevando su fanatismo hasta puntos totalmente sectarios. 

Ella sufrirá constantes torturas psicólogicas debido a la enseñanza por parte de su madre de que todo es pecado. Mientras, en el instituto Carrie será el blanco de todas las bromas de sus compañeras; a la par de que surge el amor por un chico de su clase.

Algunas personas intentarán ayudarla integrándola todo lo posible, pero la herida hecha durante años es demasiado profunda y no es fácil confiar en la gente. 

Por otro lado, Carrie irá descubriendo que sufre telequinesia; un don que será crucial en la vida de toda la gente que le rodea.

Carrie es un film visualmente hermoso, perturbador y provocador, que posee una poderosa progresión narrativa que va in crescendo y una fabulosa estética setentera un tanto kitsch.

El director echa mano de sus recursos visuales habituales como la cámara lenta, la pantalla dividida y otros métodos con la única intención de provocar en el espectador sensaciones de inquietud y turbación, y lo consigue con un resultado maravilloso.

La película tiene subidones y bajones, alternando momentos insoportables con otros atrayentes y seductores. La historia está narrada de manera precisa y conecta con uno desde el principio. Uno siente una total compasión hacia ese personaje que sufre todo tipo de vejaciones.

Un sentimiento que es muy profundo debido a que Sissy Spacek está sublime en su papel, realizando una buena transformación de la Carrie frágil y retraída a posteriormente peligrosa. La historia la vamos conociendo a través de su punto de vista, lo que consigue que nos identifiquemos con ella y su sufrimiento.

Piper Laurie se decanta por un registro teatral y monstruoso al retratar un personaje indefendible, como es el de una madre fanática y enfermiza.

El libro de King es mucho más crudo que la película, pero es bastante fiel a lo que escribió el autor.

De Palma combina muy bien dos géneros, hace una mezcla entre una pequeña historia amorosa de lo más fresca y entrañable, donde además somos testigos de las experiencias de los jóvenes en el instituto, junto con momentos de terror realizados con gran maestría.

El cambio de género es brusco, algo que todavía lo hace más notorio y brutal, con sobresalientes resultados. 

No hay duda de que la historia es realmente novedosa, para la época, e intenta experimentar en el género. En un inicio puede resultar un tanto lenta, pero poco a poco va intensificando el ritmo de tal forma que llega a enganchar.


Carrie merece un puesto entre los clásicos pues, sin ser excelente, muestra una calidad altísima, cosa que hoy día no es fácil encontrar...!






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Ladrón de Bicicletas (1948): Entre el desempleo y la frustración




En la Roma de la posguerra, Antonio, un obrero en paro, consigue un sencillo trabajo pegando carteles a condición de que posea una bicicleta. De ese modo, a duras penas consigue comprarse una, pero en su primer día de trabajo se la roban.

Es así como comienza toda la aventura de Antonio junto con su hijo Bruno por recuperar su bicicleta, mientras su esposa María espera en casa junto con su otro hijo.

Ladrón de bicicletas es una película minimalista y conmovedora, que destaca más por su historia que por su calidad técnica, y que se sufre, más que se disfruta.

Nos muestra que la necesidad hace al hombre cometer errores que jamás hubiera pensado hacer, pero que de esos errores se aprende. 

El panorama es desasosegador, ya que el único factor que hace luchar a los hombres en esta coyuntura social es la pura y dura necesidad, nada más.

El único elemento que evitará que Antonio Ricci se rinda será el apoyo incondicional de su mujer y su hijo. 

De hecho el único elemento que muestra optimismo en el film es la figura de Bruno, el hijo de Antonio, al fin y al cabo el niño es el futuro de Italia.

Las actuaciones, son conmovedoras y emotivas. Con Lamberto Maggiorani noble y oportuno para la historia,  y un sobresaliente trabajo infantil por parte de Enzo Staiola, que está remarcable y convincente.

Es significativo destacar la relación que se mantiene en todo momento entre padre e hijo, una relación de respeto y confianza que fluctúa y evoluciona, y que va a marcar el paso de la infancia a la adolescencia del pequeño Bruno. 

El neorrealismo italiano, a grandes rasgos, nace de la inquietud de directores como Roberto Rossellini o Vittorio de Sica por romper con el cine burgués-fascista anterior.

Se centra en la necesidad de plasmar la realidad del momento, a través de una filmación lo más realista posible, de sencillas historias centradas en los problemas cotidianos que sufría la gente corriente.

En la mayoría de los casos, para amplificar la verosimilitud, los neorrealistas rechazaban a los actores profesionales; Lamberto Maggiorani, por ejemplo, era un obrero en paro, como su personaje en esta película.

Más que una película, es una joya de la posguerra que me ha enseñado, a valorar la vida y a que siempre debo de agradecer por todo lo que vivo; puesto que de lo bueno y lo malo siempre se aprende.


Además está demostrado que por muy difíciles que sean los tiempos que vivimos, el sol sale para todos y cada día nace la esperanza de un nuevo porvenir.






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Las Uvas de la Ira (1940): La lucha por la supervivencia




Tom Joad (Henry Fonda) regresa a su hogar tras cumplir condena en prisión, pero la ilusión de volver a ver a los suyos se transforma en frustración al ver cómo los expulsan de sus tierras. 

Para escapar al hambre y a la pobreza, la familia no tiene más remedio que emprender un larguísimo viaje lleno de penalidades con la esperanza de encontrar una oportunidad en California, la tierra prometida.

Entretenido drama, que retrata de forma descarnada la sociedad estadounidense en la época de la Gran Depresión, cuando los efectos del crack de 1929 hicieron mella en una enorme parte de la sociedad estadounidense. 

Considero que estamos ante una película irregular, que posee grandes virtudes y algunos defectos que le restan valor al resultado final.

Entre las virtudes destaco el esmero mostrado por el director, para ser un fiel reflejo del tipo de personas que tuvo que emprender viajes de estas características, ya que la novela en la que se basa el film es una serie de relatos periodísticos de Steinbeck.


Añado a esto la gran actuación del personaje de la madre de Tom Joad, interpretada por Jane Darwell, y algunos pasajes que sirven para mostrar la amoralidad del sistema capitalista, de la década de los años 30. 


Un sistema que explotaba de forma inmisericorde a cualquiera que se prestara a ello (especialmente, las personas que se encontraban en unas circunstancias más desesperadas).

En cuanto a los defectos, el ritmo del film me resulta brusco e irregular: no es más que una sucesión de situaciones anecdóticas, que se van mostrando de forma inconexa... También opino que el modo en que evolucionan los personajes está poco elaborado (se explica de forma demasiado liviana, a mi entender). Además, en algunos pasajes los diálogos son bastante pobres.

Paradójicamente, en una obra que se supone que se ataca a un capitalismo salvaje que fue capaz de dejar a una gran parte del país en una situación de miseria y falta de esperanzas, la conclusión no puede ser más conservadora: conviene aferrarse a los valores tradicionales, la familia y el trabajo duro y resignado... 


Porque parece ser que quienes se rebelan contra los abusos de los poderosos acaban muertos (es el caso de Casy) o huidos (lo que le acaba sucediendo al personaje que reclamaba "contratos por escrito" en el asentamiento de inmigrantes, en California).

Una película muy dura y triste, y por lo que me he documentado, bastante optimista en comparación con la novela.

Sería curioso saber como sentaría esta película dentro del glamour hollywoodiense que se estaría viviendo en los dorados años 40. Donde casi todas las películas van de príncipes, reyes, alta sociedad, ricos, famosos, y donde todo es feliz, romántico y sin preocupación alguna.

Aunque ya tenga más de 70 años, sigue siendo de grandiosa actualidad. Lo que más me gustó comprobar es que la policía no está al servicio del ciudadano (tal como ahora), además de realizar una crítica al gobierno de la época.










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