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Luz que agoniza (1944): Maltratos Psicológicos



En la Inglaterra victoriana, una bella mujer (Ingrid Bergman) se casa con un famoso pianista (Charles Boyer). La felicidad desaparece cuando en la casa, donde años atrás se cometió un asesinato, la mujer empieza a oír extraños e inexplicables ruidos; mientras tanto, su marido la atormenta hasta hacerla creer que se está volviendo loca.

Mucho se habla del poder de la mente, directores como Lynch, Buñuel y muchos aclamados han abordado este tema. 

En el caso del film de George Cukor vemos todo desde una perspectiva más abierta, y el poder de la mente es ejercido sobre otra mente más débil hasta puntos extremos.

"La luz que agoniza" es un drama psicológico de vigencia intacta. Pese que posteriormente se han hecho films de trama similar, esto no genera que en ningún momento el final de esta se trunque.

Es curioso que en realidad sepamos desde el principio lo que estamos viendo, básicamente es un film conscientemente "predecible", pero irónicamente jamás pierde el pulso, nunca te desentiendes de lo que ocurre frente a tus ojos.

Como drama psicológico alcanza varios puntos extremos, gracias al aporte grandísimo de dos actores como Bergman y Boyer. Sobre todo ella, recompensada con un merecido Oscar, logra un personaje único, una mujer atormentada, en constante sufrimiento.

Y Boyer logra un personaje que tiene algunos momentos un poco forzados, pero todo tiene sentido al final cuando se descubren sus reales intenciones.
La historia en si es sencilla y pese a que te la van destripando poco a poco no te importa porque el interés está en ver el proceso y no tanto descubrir quien es el malo.

Hay muchos detalles interesantes a los que prestar atención: el ambiente gótico de la casa y la bruma londinense que te recuerda a Jack el Destripador; los secundarios entrañables (una joven Angela Lansbury); el esperado final, el juego de luces, el tono expresionista que se alcanza, etc. 

Merece apuntar el interesante retrato de lo que hoy en día conocemos como el maltrato psicológico. 


Gregory es un maltratador y casi desde el principio va sometiendo a Paula por medio de una personalidad autoritaria, arrolladora, dominante pero también, humillándola, minusvalorándola, despreciándola hasta el punto de que Paula queda totalmente anulada.

Muy bien contado todo el proceso más de una mujer (y es una desgracia que sea así por lo que supone) se habrá visto reconocida en el personaje de Paula.

"Luz que agoniza" es la clase de cinta que demuestra que con pocos elementos y una historia sencilla pero bien contada, se logra hacer un film atrapante.







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Infierno en el Pacifico (1968): Perdidos en la Isla



Con el conflicto de la segunda guerra mundial sucediendo, un piloto americano del ejército es derribado en alta mar, yendo a parar a una isla del océano Pacífico, lugar en el que reside otro náufrago de la misma guerra, un oficial japonés. 

Al principio, dado que pertenecen a bandos opuestos, se llevan a matar, las circunstancias extremas hacen que se vean forzados a unir fuerzas para sobrevivir.

Gran película de acción, que no nos da respiros, con dos muy buenos actores, y que con el paso del tiempo y las nuevas películas van pareciendo cada vez mejores, por su sencillez, falta de gruesas trampas y efectos especiales.

Dos actores, un escenario, una hostilidad basada en la desconfianza mutua, que, como no podía ser de otra manera, sólo es superada por la necesidad de ayudarse mutuamente. A partir de ese momento la trama se desarrolla en un escenario claustrofóbico...

No es nada fácil mantener la atención del público con dos personas en una isla, pero aquí se logró. Lo que refleja de la guerra y la geografía es lo de menos, aquí lo que se demuestra es la mutación del hombre ante el peligro común, nada más.

Obviamente no es una película de diálogos ni de personajes, es una historia para los amantes de las aventuras y la supervivencia. 

En cuanto a los actores, tenemos a Lee Marvin de películas como “Doce del patíbulo” o “El hombre que mató a Liberty Valance” junto al actor fetiche de Akira Kurosawa, Toshiro Mifune.

No es una cinta brillante, ni mucho menos, pero sabe entretener. Por desgracia, encontré que el final podría haberse trabajado mucho más, ya que me quedé desorientado no por que no sea original sino porque encontré no estaba bien llevado a cabo.
  
Historia de dos almas condenadas a entenderse, pero cuya hipocresía cultural les pone la relación terriblemente difícil. Es una historia sobre el interés propio, sobre el compañerismo nada altruista, sobre la avaricia, sobre el sinsentido.






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Una Luz en el Hampa (1964): Prostituta en busca de redención


Kelly es una prostituta que llega a la ciudad de Grantville huyendo de su pasado. Tras un primer encuentro con Griff, el capitán de la policía de la ciudad, consigue rehacer su vida trabajando como enfermera en un hospital para niños inválidos. Además, se enamora del hombre más bueno y rico de la ciudad; pero las cosas no son exactamente lo que parecen…

La historia que se nos cuenta es más que potente, y debió serlo aún más en su época, pero a día de hoy se mantiene original, turbadora y sorprendente.

Encierra una crítica bastante dura hacia la hipocresía y cobardía de la sociedad de su época, a la par que muestra un análisis de la dificultad de las personas para reconducir sus vidas en nuevas direcciones; sin perderse por el camino por culpa de los defectos sociales antes señalados. 

Toca temas delicados y vigentes como el aborto, la prostitución, la pederastia, el machismo, el caciquismo, el sutil, pero inabordable, muro entre los afortunados y los que han caído en desgracia, o la tolerancia con aquellos crímenes que no saltan a la luz pública o que no salpican a los poderosos.

Sin embargo, no es una obra derrotista y a través de una heroína fuerte y decidida (sin perder ni un ápice de feminidad), apunta las claves para sobrevivir en la jungla (y de paso ayudar a algunos por el camino) sin perder la humanidad: independencia, coraje, compasión y convicción.

De la misma forma, la narración es un ejemplo de cómo captar inmediatamente el interés, ir añadiendo matices mientras se muestra un entorno y una galería de personajes fantásticos en sí mismos y en sus interacciones.

Todo lo comentado la convierte en una película notable, pero lo que la hace sobresalir es la capacidad de introducirte en un mundo casi onírico y fantasioso sin perder realismo ni cierta crudeza. Francamente, creo que eso es muy difícil, y pocas veces se consigue.

El director Samuel Fuller sale bien parado gracias a su capacidad para conectar con elegancia escenas crudas e incluso violentas (por ejemplo la famosa secuencia de apertura o el encuentro con la madame) con momentos casi mágicos (como el alquiler de la habitación).

Constance Towers realiza una interpretación magistral e insufla vida, rabia y ternura a uno de los personajes más singulares y memorables de la historia del cine, llevando la película a un nivel emocional que en un principio resultaba improbable.

Sólo ella podía alejar del ridículo una historia así, y sólo Fuller podía tener el atrevimiento y talento suficiente, para reconvertir una canción inicialmente lacrimógena (interpretada por niños discapacitados) en una melodía perversa dispuesta a acompañar a la escena más perdurable -y perturbadora- del filme. Y que por supuesto, no voy a contar aquí.

Un comienzo brutal (en todos los sentidos de la palabra) acaba en un final suave y desmerecido. Luego supimos que no era éste el final que quería, y que había determinado Sam Fuller, pero la presión política y económica de los USA, y su industria de Hollywood, decía (y sigue diciendo) cómo se terminan las cosas, más que nada para que la gente no pierda tiempo decidiendo y pensando, (¡que el tiempo es oro y no hay que desperdiciarlo!, ¡que hay mucho que comprar!).


Fuller rinde homenaje al coraje de la prostituta Kelly, una mujer que decide, por orgullo, renunciar a su pasado e iniciar una nueva vida, pero que topará con la hipocresía de una sociedad que extiende visados de respetabilidad sin atender a la pureza de las personas, sino siguiendo los dictados de la conveniencia o las apariencias.




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