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Primavera en Otoño (1973): Amor sin barreras.



Historia de amor entre una joven hippie de espíritu libre y un hombre maduro cuyo corazón se ha ido endureciendo con el paso de los años.

¿Hay edad para el amor? ¿Nos condicionan las opiniones de los demás en nuestras decisiones personales? La respuesta a la primera pregunta es no y a la segunda cuestión es sí.

Primera película dirigida por Clint Eastwood, donde por primera vez no aparecería en pantalla. Analicemos la historia; un promotor inmobiliario conservador y solitario de apariencia fría y hostil, se cruza en su camino con una jovencita hippie de espíritu alocado que por edad bien podía ser su hija. 

Entre los dos hay un mundo de diferencias, que poco a poco irán dejando de lado para que aparezca el amor.

La cinta es un agradable relato que se desarrolla linealmente sin sobresaltos, todo muy previsible, una cinta deudora de su tiempo, donde la contracultura hippy crecía, donde el amor libre campaba a sus anchas.

Los protagonistas demuestran una gran química, William Holden demuestra una solvencia y carisma fascinantes y Kay Lenz transmite una candidez, ternura y encanto que enamoran. 

Entre los dos brotan chispas de amor que supera las barreras tanto sociales como de edad.

Es un film con un buen ritmo, una puesta en escena sobria muy de los setenta, donde la historia de amor nos llega sin alardes, sin caer en sensiblerías, 

Desgraciadamente, fue un gran fracaso comercial cuando se estrenó y desde entonces casi no se ha exhibido, pero si uno tiene la suerte de verla descubre que lo que en su momento se consideró como una novedad en la carrera de Eastwood como director, "Los puentes de Madison", en realidad ya tenía un clarísimo antecedente.

También aquí se nos ofrece una muy romántica historia, marcada en este caso por dos diferencias complementarias, la generacional y la ideológica: ella es una jovencita hippy, y él un maduro hombre de negocios. 






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Un Viaje Alucinante (1966): Viaje al interior del Cuerpo Humano



El profesor Bennet es un científico que ha creado una fórmula que permitiría reducir el cuerpo humano a un tamaño microscópico durante un tiempo ilimitado. Cuando se dispone a entregarla al Pentágono, unos espías provocan un accidente de tráfico que deja al profesor incapacitado para toda labor científica. 

Pero las Fuerzas Disuasorias de Miniaturas Combinadas ponen en marcha un plan para operarlo desde el interior.

Hubo un tiempo en el que los guionistas de Hollywood vieron en la ciencia un aliciente magnífico para crear thrillers trepidantes o aventuras inimaginables. De aquí salieron joyas tan ingeniosas y entretenidas como Ultimátum a la tierra, La invasión de los ladrones de cuerpos o El hombre con rayos X en los ojos.

Si bien había mucha más ficción que ciencia, una cosa hacía únicas a estas películas: El encanto. 

La posibilidad de plasmar universos que existen dentro de nuestra cabeza (imaginarios o reales) era un campo inagotable de ideas, unas más brillantemente plasmadas y otras menos.

Realizada por Richard Fleischer, y basada en la novela homónima de Isaac Asimov, "Viaje alucinante" es una película que puede continuar siendo vista con interés, pese a los avances de la medicina. 

Seguro que más de un cirujano encontró su vocación al ver esta cinta en su infancia. No es para menos. 

La idea argumental de viajar por el interior del cuerpo humano, verdaderamente es alucinante. Las posibilidades que da atravesar con una nave acuática el plasma sanguíneo y los distintos órganos que todos llevamos dentro, son muchas.

Richard Fleischer, veterano director con títulos interesantes en su haber ya por entonces, crea una atmósfera de tensión continua entre los peligros del sistema inmunológico a los que se enfrenta el “Proteus”, y la cuenta atrás del final de la miniaturización, mostrado en un reloj de grandes números en la sala de control.

Los elementos de aventura clásica se ven reforzados con el exótico escenario en el que se desarrolla la película, un cuerpo humano cuyos vericuetos simulan un planeta extraño en medio del espacio.

A pesar de la caducidad de algunos efectos especiales (recordemos que estamos en la era pre-Star Wars y 2001, una odisea en el espacio), los decorados y la ambientación están hechos con mimo, buen gusto y una gozada para la visión.

Los actores, por fortuna, no pertenecen al elenco de estrellas o divas, lo que da más credibilidad al producto final. Contar con Stephen Boyd, la belleza de Raquel Welch, el gran Donald Pleasance y, sobre todo, Arthur O'Connell, es asegurarse una calidad interpretativa altísima.

Comentar también, que es un film realizado durante la guerra fría, en el momento de las  continuas tensiones entre los grandes bloques. 

Este ambiente de tensión mundial queda reflejado en la película en el hecho de que, aunque el peligro inmediato con que se enfrentan los micronautas sean las propias defensas del cuerpo humano en que son introducidos; la amenaza mayor sean los sabotajes ocasionados por un enemigo infiltrado.


Incluso el hematoma en el cerebro del científico, que tienen que extirpar, ha sido originado por un atentado.





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Jurassic Park (1993): Cuando los Dinosaurios gobernaban el cine



El multimillonario John Hammond consigue hacer realidad su sueño de clonar dinosaurios del Jurásico y crear con ellos un parque temático en una isla remota. Antes de abrirlo al público, invita a una pareja de eminentes científicos y a un matemático para que comprueben la viabilidad del proyecto.

Pero las medidas de seguridad del parque no prevén el instinto de supervivencia de la madre naturaleza ni la codicia humana. 

Fue una de las primerísimas películas que recuerdo haber visto en cine; aunque por aquel entonces no entendí en su plenitud la totalidad del argumento (me bastó con ver que había dinosaurios y que se viviría una aventura), me gustó infinitamente. 

Spielberg nos ha demostrado a lo largo de su carrera, que es el maestro por excelencia, de los efectos especiales. No ocultaré mi admiración por este director.

La película, se hizo empleando efectos generados por ordenador y animatronics (muñecos mecánicos), en una combinación perfecta que hace que nos preguntemos si es real.

Qué niño no habrá soñado alguna vez con ser Paleontólogo o ver un dinosaurio vivo después de ver ésta película?. Como ha ocurrido con “Tiburón”, Parque Jurásico no ha sido superada con los modernísimos y posteriores efectos digitales. Ni tan siquiera igualada. Es por excelencia, la película de los dinosaurios.

Si has visto Jurassic Park 2 y Jurassic Park 3 y  te han parecido demasiado fantasiosas, por eso de que los protagonistas evaden casi mágicamente a la muerte escena tras escena, ésta es tu película sobre dinosaurios.

La primera es la más realista de las 3. Además, también es la que trata más el tema de la ingeniería genética y sus implicaciones éticas.

Al contrario que sus secuelas, aquí los dinosaurios constituyen un verdadero peligro mortal. Hay tensión. Aquí no se puede jugar con ellos.

En el aspecto positivo, creo que el reparto está bastante bien escogido. 

Sam Neill será recordado eternamente como el Dr. Alan Grant, de la misma forma que Christopher Reeve será siempre el Superman de carne y hueso. 

Lo mismo se puede decir de Richard Attenborough y el personaje de John Hammond. 

La banda sonora también ha pasado a los anales de la historia del cine, aunque para mí no es ni mucho menos el mejor trabajo de John Williams.

Para algunos fue un acierto y para otros una decepción. Incluso se dice que el propio Steven Spielberg delegó gran parte de la producción de esta película, porque el director estadounidense "Midas" de Hollywood se encontraba más interesado en supervisar el rodaje de "La lista de Schindler".

Sin embargo, el resultado de "Parque Jurásico" es una grata sorpresa, ya que contiene fragmentos muy fieles al bestseller de Michael Crichton y otros de una invención más libre en los que prima el suspense y la espectacularidad, como la primera aparición del Tiranosaurus Rex.

Además, esta película conllevó una auténtica fiebre que desató la pasión por recuperar todo lo que había quedado extinguido hace 65 millones de años. Por algo será.





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