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Aeropuerto (1970): El Origen cinéfilo de las catástrofes aéreas




Un temporal de nieve azota Chicago, dificultando el intenso tráfico de su aeropuerto. A pesar de las malas condiciones meteorológicas, el aeropuerto consigue permanecer abierto; pero entre los aviones que despegan, causa una gran alarma el que vuela con destino a Roma, porque, entre los pasajeros, hay un polizonte y un hombre con un maletín sospechoso. 

Corrían los años 70 y en el cine comenzó a resurgir un nuevo género cinematográfico llamado "género de catástrofes".
 
Buena prueba de ello son las notables "El coloso en llamas", "Terremoto", o esta entrega de "Aeropuerto", que conocería varias entregas más con el mismo nombre y diversos años, años en los que estaban realizadas como "Aeropuerto 75", (1975), o "Aeropuerto 80", (1979).

Como suele suceder, las primeras partes son siempre las mejores, y "Aeropuerto" no fue una excepción.

La película mantiene en tensión desde el comienzo al espectador presentándonos una situación que involucra a un centenar de personas. 

Todos los personajes, tanto los que están fuera como dentro del avión, sufrirán momentos de angustia para intentar solucionar un problema de extrema gravedad.

Además de centrarse en el suspense que genera un atentado suicida dentro de un avión de pasajeros repleto, la película nos sumerge en las vidas sentimentales de algunos personajes principales derivando en algunas sub-tramas afectivas que bien valen la pena ser consideradas y reflexionadas. 

Como película catastrofista cumple y poco más, pero consigue lo más importante en una película, mantenerte en vilo hasta el final. 

Aunque las dosis de adrenalina no lleguen al nivel que podría, pero también te hacen el visionado más agradable.

El reparto está muy bien, encabezado por Burt Lancaster; Van Heflin haciendo de loco, las bellezas de Jacqueline Bisset y Jean Seberg, George Kennedy haciendo su papel y Dean Martin (actor poco creíble) cumpliendo con seriedad.

Pero más allá del argumento, que daría, como he dicho antes, para una saga, lo que me ha quedado a mí es una anécdota. 

Eso sí, seguro que durante aquella época, no niego que la película fuera un auténtico fenómeno de masas, y que a mucha gente se le quitarían las ganas, de montar en avión durante un tiempo.





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El Sentido de la Vida (1983): La Risa que Hace Pensar



Imaginativa y divertida película realizada por el célebre grupo cómico británico Monty Python (antes de separarse), en el que mediante sketches nos explican el ciclo de la vida con mucho absurdo, muchos personajes y situaciones extravagantes.

Ciertamente, es muy apropiado que esta cinta "reflexione" sobre el sentido de la vida en un momento en que sus artífices estaban agonizando como grupo artístico. 

Todo empieza con un espectacular cortometraje previo, donde se parodia el mundo de las finanzas de la mano de los desesperados y razonablemente violentos hombres de Seguros Permanentes Crimsom. 
A continuación, una sucesión de sketches variados, algunos con número musical incluido, donde el grupo británico no deja títere con cabeza con su sentido del humor. Nadie se libra.

Es encomiable su sátira tremenda sobre todo lo que rodea al ser humano, recurriendo para ello a:

- Lo Escatológico y desagradable (la vomitiva escena del restaurante con el Sr. Creosota o la escena del donante de órganos)

-Lo Irónico (la diferencia entre la familia católica y la Protestante)

-Lo musical (la canción del esperma) 

-La burla a determinados colectivos (la vida militar, la educación sexual en el colegio).

Creo que "La vida de Brian" es con mucho la película más divertida de los Monty, pero "El sentido de la vida" va más allá de los siempre inteligentes chistes de éstos genios del humor. En ella se refleja como en ninguna otra, la preparación universitaria humanista y científica de varios de los cómicos. 

De esta cinta rescato la originalidad y la ocurrencia con que se ponen en escena temas complejos y profundos con un tono satírico, socarrón e irónico a más no poder.

El aspecto estético y los efectos especiales constituyen un gran atractivo para deleitar y asombrar, porque están utilizados en función de un guión lleno de desparpajo e ingenio irrepetible (quizás pueda hasta resultar chocante para personas con principios más conservadores).

Claro que la efectividad del humor dependerá ya del espectador, porque la comicidad es excéntrica y posee esa marca de autor tan particular que puede llegar a la adoración por parte de algunos o al aborrecimiento por otros.

Sin embargo, la película adolece de falta de ritmo y de irregularidad en el tono. Alterna escenas geniales con otras menos ocurrentes y estira demasiado los gags, llegando a hacer a algunos algo pesados. 

Hay sketchs que se quedan a medio camino, pero hay tanta ocurrencia descacharrante, tanta irreverencia sin complejos, tanto derroche genial...


Viéndola 28 años después, uno descubre que el mundo no siempre progresa hacia modos más libres de expresión. Hoy en día, esta parodia de nuestra sociedad y concretamente de nuestras religiones, sería impensable. Nadie la rodaría. Nadie se atrevería a aportar capital en una película que sería machacada, vetada, destrozada...

Además, muy pocos irían a verla. Con el nivel educativo que nos contempla, muchos no la entenderían. Nuestros hermanos mayores eran más iconoclastas, más atrevidos, más inteligentes.

Totalmente recomendable de ver, pero en v.o (subtitulada, claro), porque las letras de las canciones no tienen precio. A pesar de su resultado irregular, ver a los Monty Python siempre es un ejercicio de lucidez e inteligencia, y todos sus trabajos son experiencias únicas para disfrutar de un humor de verdadera calidad.






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¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966): Destrozando Parejas


Debo confesar que vi la cinta debido a las críticas que la tildaban de clásico, y que aún así la vi con mis reservas, ya que se ha tildado de clásico a tanto bodrio; pero afortunadamente para mí, y para todos quienes hayan visto esta cinta, he aquí una excepción.

El matrimonio formado por George y Martha (Richard Burton y Elizabeth Taylor), regresa de madrugada a su casa, provenientes de la habitual fiesta-reunión universitaria de los sábados en casa de los padres de Martha (rector de la universidad).

Nada más llegar a casa ambos inician lo que parece una suerte de "autodestructivos juegos de pareja", donde los protagonistas profieren ataques y reproches mutuos; que poco a poco y a medida que avanza la trama van haciéndonos comprender de qué va la historia.


A todo ello, dos inesperados visitantes que han conocido en la anterior fiesta, serán testigos presenciales de las vejaciones de la pareja de anfitriones; a la vez que progresivamente y tal vez por el efecto del alcohol, terminarán participando también.

Es increíble, la cantidad de litros de alcohol que se destilan por las venas de los cuatro protagonistas, durante todo el metraje.

No parecen cansarse de empinar el codo, a la vez que ir desnudando sus miedos, ansias y deseos.

De corte teatral, sin apenas cambio de escenario, con solo cuatro intérpretes, nos encontramos con una batalla dialéctica, que ocupa la totalidad de un metraje, que no da respiro al espectador durante (las algo excesivas) dos horas de duración.

Hay que destacar la espectacular química entre Burton y Taylor (no en vano, por aquella época eran pareja en la vida real, aunque por supuesto no hay que dar por sentado dicha premisa).

Es fácil alabar la labor de la pareja rotagonista, no lo es sin embargo darles réplica y eso lo hacen muy bien los dos medidos secundarios, un inocente George Segal, más malicioso de lo que se hacía prever en los compases iniciales, y su mujer, la lela y manipuladora Sandy Dennis.


La parte más débil, a mi parecer, son las actitudes por momentos poco creíbles de los personajes, algunas algo exageradas, y otras tal vez forzadas; pero todo dentro de un marco de drama psicológico muy bien armado.

La película no se decide, me parece, entre si la actitud de los personajes es propia de un circo o es más bien la cruda y nocturna realidad de un matrimonio frustrado de mediana edad, enfrentado a las pretensiones de un matrimonio joven, uno y otro puestos delante del espejo del tiempo, de lo que fueron a lo que serán, y al revés.


Hay un abismo en la película entre el esperpento y una razón discursiva, que hace que los personajes se expliquen.

El mismo que existe entre ficción y realidad dentro del matrimonio, y creo que la película naufraga un poco en este abismo que separa un formato del otro, no quedándose en ninguno.

Película esgarradora en todo su desarrollo, por mostrarnos al ser humano desvestido de prejuicios y enseñarnos la realidad con todas sus alegrías y desgracias.

Queda claro que no estamos ante un largometraje especialmente dulce o de fácil digestión, pero su fascinante, incómodo y asfixiante discurso hace que valga, y mucho, la pena.





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Danzad, danzad malditos (1969): El Baile de la Miseria



Años 30, grave crisis en EE.UU., nadie tiene nada que perder y gente que no tiene donde caerse muerta se apunta a un maratón de baile por parejas casi circense que tiene como premio final 1.500 dólares. Para ello deben aguantar días y días bailando (o al menos sin parar de moverse) sin apenas descanso.

Todo para el divertimento de un pueblo deprimido por su situación, una excusa barata para disfrutar del sufrimiento de los demás, organizado por gente sin escrúpulos.

Gloria (Jane Fonda), una persona fría, cínica y desencantada de la vida, acude al concurso pero antes de apuntarse su pareja es descalificada. Un dubitativo y tímido Robert (Michael Sarrazin) es instigado por la organización para que le acompañe, cuando éste observaba desde la entrada.

Con la supresión del archifamoso código Hays había llegado el momento a finales de los sesenta de presentar otra realidad distinta de la que hasta entonces se nos había mostrado. Es cuando empezaron a filmarse películas muy valientes, con gran carga de autocrítica que hasta entonces eran impensables.

Todo esto del baile, que visto así parece muy festivo (y cualquiera diría que la película trata sobre quién va a ganar el concurso y poco más), se va enturbiando, según se nos van presentando los personajes y la crueldad del concurso se va imponiendo.

En este film del director y actor Sydney Pollack (basado en la novela de Horace McCoy), se nos cuenta la historia de un intenso maratón de baile que concentra parejas de toda la geografía estadounidense durante la Gran Depresión.

Este salvaje y denigrante evento sirve de entretenimiento a cientos de espectadores morbosos que se entretienen con el sufrimiento de los participantes, tras horas y horas de baile sin parar. Todo es un gran circo, pero un circo de horrores.

Encontramos una impactante y cruel historia sobre la pobreza y la desesperación. Gran parte de la culpa de la grandeza del film reside en un fenomenal reparto encabezado por Jane Fonda, a la que acompaña un gran plantel de secundarios: Gig Young, Susannah York, Red Buttons... El único que no me convence es Michael Sarrazin, carisma cero.

“Danzad, Danzad Malditos” fue la primera película aclamada de Sidney Pollack y la quinta que añadía en su carrera de director cinematográfico. 

Un escenario sórdido disfrazado de curtida fiesta en donde las alegrías aparentan falsedad frente a una realidad cruel, conforma el marco de este magnífico drama de personajes, que luchan desesperadamente para sobrevivir; y hasta cuanto puede llegar el límite de su resistencia para conseguir su propósito.

Cada uno de ellos tiene sus miserias, su modo optimista o no, de ver la vida con un futuro no muy esclarecedor debido a las consecuencias de un “crack” económico. 

La película esta lejos de ser perfecta, pero es tan perturbadora en tantos sentidos importantes que la hace difícil de olvidar, que es más de lo que se puede decir de mejores y más consistentes películas.


Un excelente largometraje, sin concesiones al público, y sin un final feliz que tranquilice a nadie, es un film triste, duro, a veces cruel, a menudo desgarrador, y sin esperanza. Como la vida misma.




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¿Quién puede matar a un niño? (1976): Rebelión Cruel Infantil



Los niños por lo general son inocentes y no conocen la maldad (si no se les enseña la maldad, eso es evidente), pero sin embargo los adultos ya sea por política o por intereses económicos poco les importa que mueran niños.

Pero la ironía es que a ninguna persona por voluntad propia se le ocurre matar a un niño; y en esta película los niños toman su venganza.

En un país con un cine tan desfasado y de poca calidad como el que se fabricaba por aquellos años en territorio nacional; sorprende encontrarse con una película tan atípica para la época como hoy en día.

La película propone al espectador una reflexión sobre la crueldad de la guerra y sus efectos devastadores en personas y, de modo especialmente grave, en los niños.

Los créditos iniciales se superponen a imágenes que muestran cómo las guerras y el hambre se han ensañado de modo grave con los niños y niñas del mundo en los últimos 25 años (1940-75).

Se ofrecen imágenes del Holocausto nazi y de las guerras de Corea, Vietnam y Biafra, extraídas de reportajes y noticiarios filmados de época.

Tras este prólogo, la acción dramática se desarrolla a lo largo de los días de vacaciones estivales de una joven pareja británica, Tom (Lewis Fiander) y Evelyn (Prunella Ransome), en la población costera imaginaria de Benavís, en el Levante español.

Benavís resulta muy bulliciosa, por lo que alquilan una barca y van a la isla Almanzora, isla mediterránea de ficción situada a unas 20 millas de la costa. Tom conoce la isla porque estuvo allí cuando era niño.

Pero algo extraño ocurre; demasiado silencio, todo desierto. Sólo se ven niños y no hay ni rastro de los adultos. Y es que los niños de Almanzora, han desarrollado una reacción instintiva de rebelión y matanza contra los mayores. Lo terrible es que juegan y ríen como niños que son.

El Director (Chicho Ibañez Serrador) no ha querido que parezcan monstruos 100% eficaces, sino que también los muestra vulnerables físicamente (esto no cambia). 

Y ese recurso es lo que nos descoloca, independientemente de que jueguen con la vida de los adultos.


Chicho realmente entiende y disfruta con el cine de terror, porque con muy pocos medios y actores desconocidos, construyó una película tan curiosa como desasosegante e incómoda.

 ¿Qué tiene fallos? Pues claro, pero es de1976, rodada sin apenas medios económicos y, vale, Chicho es un poco pesado cuando se pone filosófico y pretende “moralizar”.

Pero sería muy injusto no reconocerle sus méritos, y fijarse sólo en los fallos; que por causas diversas se asoman a ratitos breves (pareja protagonista sin mucha carisma y con algunas reacciones inverosímiles), y no desmerecen el conjunto de ninguna de las maneras.

Aunque auguro que hoy en día no produce ni el 10% de la sorpresa que pretendió en sus inicios. 

De hecho se la puede tildar de híbrido de “El Pueblo De Los Malditos” y “Los Pájaros”, pero en este país de pandereta y cantaoras, se agradece una película con estas agallas, crudeza y oscuridad.

Además, tampoco vamos a negar las influencias tan claras de este film, en la historia de Stephen King y posterior película "Los chicos del maíz",

A veces me pregunto lo que hubiera sido esta película internacionalmente, si el Sr. Ibáñez Serrador hubiera contado con unos duros más en su bolsillo y alguna que otra cara conocida entre los actores.

El tema de los niños, es recurrente en el cine de terror, pero no he visto a nadie ni acercarse a lo que Chicho logró. Sin cementerios, sin apariciones, sin noches oscuras, muy lejos de clichés.

Nadie siente la muerte de un ser monstruoso, un horrible alienígena o un desagradable zombie, pero ¿Qué ocurriría si esos monstruos son aparentemente un grupo de inocentes niños que solo quieren jugar?





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Grupo Salvaje (1969): El Ocaso de los Forajidos


Considerada por muchos como el mejor western de la historia del cine; curiosamente, a costa de nadar a contracorriente y alejarse de tópicos típicos de este género.

Aquí, el director Sam Peckinpah, con su habitual estilo exento de sutileza y demás ñoñerías, nos muestra las aventuras y desventuras de un grupo de pistoleros perseguidos por la justicia, a través de la violencia más visceral. Tal es la violencia, que en su día fue una película muy criticada.

1913 en un pueblo texano, San Rafael, cerca de la frontera de México. Una banda de forajidos comandada por Pike Bishop (William Holden), llega vestida de militares para robar el banco del ferrocarril; pero se encuentran en medio de una emboscada dirigida por un ex-socio de Pike, Deke Thornton (R. Ryan).Tras un violento tiroteo, sólo sobreviven cinco.

Ante el acoso, deciden todos huir a México; allí se encuentran en medio de una revolución. 

Son contratados por el General Mapache (E. Fernández), para robar un cargamento de armas transportado en tren militar en USA, a cambio de una sustanciosa suma de dinero. 
Mientras tanto, un grupo de cazarecompensas y el ejército estadounidense les persiguen sin tregua.

En realidad la trama es lo de menos, pues los personajes, pese a la escasa profundidad psicológica, eligen ser criminales por el sólo placer de serlo.

El presunto placer de hacer lo que uno le viene en gana (salvo la lealtad a los compañeros del grupo), formando un grupo de fracasados que no saben, ni quieren, vivir de otra forma.

Sin embargo, el mismo director no puede ocultar que ese no es el camino ideal para marchar por la vida. Por eso los protagonistas en el fondo de su ser se desprecian hasta darse asco, odiando todo lo existente.

Buenos actores, asiduos del western, encarnan a los protagonistas del film: William Holden, Ernest Borgnine, Robert Ryan, Edmond O’Brien, Warren Oates, Ben Johnson. Todos ellos ofrecen una actuación descarnada y sorprendente.


La película también nos muestra el final de una época, la del antiguo Oeste y su modo de vida. 

Se han acabado los indios, vaqueros y sheriffs de armas tomar; no hay ranchos para hallar la paz, ni minas de oro con qué hallar oro…

Los protagonistas se sienten demasiado viejos para cambiar o intentar adaptarse, a un mundo al que ya no pertenecen.

Este grupo, que visiona su destino frente a la evolución moderna del mundo en el que viven, ahogado por la revolución, decide mantenerse unido.

Aunque su camino les lleve hasta la muerte y abriéndose camino a tiros, dando la vida los unos por lo otros.

Por estos descuidos o recelos que experimentamos a veces los aficionados al cine, no había visto “Grupo salvaje”, hasta hace relativamente poco tiempo; era como si le tuviera manía. 

A excepción de que quizás es algo extensa para mi gusto, sólo puedo decir que me arrepiento de no haberla visto antes.





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